Bitácora de un documental (XII): Café Touba

Desde niños nos han explicado que la comida más importante del día es el desayuno. Nadie lo cuestiona, no se puede ir al cole sin haber desayunado como se debe. Cuando pasan los años, a veces se pierde un poco la presión de las instrucciones, pero en todo caso, es cierto que para afrontar una jornada de trabajo, no hay nada mejor que hacerlo con la energía de la primera comida del día. Los primeros días nos costó un poco, pero, al fin, encontramos en Oussouye nuestro lugar ideal para la primera hora de mañana.

Quizá os parezca un tema mundano. Os prometimos que os informaríamos de nuestras evoluciones y así lo hacemos. En realidad, por eso y porque Gilberta, la mujer que regenta el puesto de desayunos, se merece nuestro agradecimiento y nuestra admiración. Desde el primer día nos recibe con una sonrisa serena. No habla demasiado, lo justo para preguntar los gustos del cliente, pero siempre lo hace con una agradable simpatía que mezcla la ternura materna, el orgullo femenino, la disposición al trabajo duro y una iniciativa, una especie de don de mando suave, innatos.

El menú que ofrece Gilberta además es variado y permite todas las combinaciones posibles. Seguramente a muchos de los que conozcáis estas latitudes os resultarán familiares. En lo que se refiere a las bebidas los elementos a combinar son cuatro: el Nescafé (café soluble), la leche en polvo, el kinkelibán (una infusión recomendada para todo) y el café Touba (una receta secreta que, para entendernos, se acerca bastante al café de puchero).

En lo que se refiere a la comida, sobre la base del pan, las fórmulas también se multiplican. Gilberta prepara para los clientes bocadillos de guisantes, de spaguettis, de alubias, de atún con tomate o de huevo duro con mayonesa (y sus respectivas mezclas insospechadas). Hemos de reconocer que nuestro menú, seguramente, es el más aburrido: café soluble con leche en polvo y azúcar y pan con mantequilla.

Desde la primera vez Gilberta nos cae bien, pero el día que se ganó definitivamente nuestra admiración la escena se desarrolló de la siguiente manera: El embarazo de Gilberta es evidente para todos nosotros y una mañana Xavi se lanzó a preguntarle de cuánto tiempo estaba, siempre con la duda de haber sido correctamente entendido.
– Nueve meses -, contestó la mujer si dejar de afanarse en la preparación de los desayunos.
– Sí, claro, el embarazo son nueve meses – dijo Xavi, pensando que no se había expresado adecuadamente-. Pero, ¿de cuánto estás tú? -, insistió Xavi.
– De nueve meses -, repitió Gilberta sin inmutarse.
Claro, a todos nosotros se nos pusieron los ojos como a los dibujos animados japoneses.
– Sí, me quedan sólo unos días para dar a luz -, concluyó Gilberta sin darle importancia.

Cualquier día llegaremos a la cafetería y Gilberta no estará porque habrá tenido un precioso retoño. Así que como lo más probable es que en ese caso ni siquiera podamos despedirnos de ella, quería dedicarle este pequeño homenaje, a la que para nosotros ha sido un símbolo de la fuerza femenina durante estas semanas, por habernos activado cada mañana.

Nota: Publicado originalmente en el blog de Verkami del Proyecto de Documental en Oussouye.

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