Bitácora de un documental (XXII): Las heroínas no menguan, crecen

Gilberta junto a la pequeña Ndeye Caroline

Gilberta junto a la pequeña Ndeye Caroline

¿Recordáis una entrada que compartimos con vosotros en julio en la que hablábamos sobre nuestros desayunos? Un tema banal, ¿no? Pues haced memoria porque aquel post fue nuestro homenaje a la fuerza de la mujer africana a través de Gilberta, la mujer que en la primera fase del proyecto se encargó de prepararnos la primera comida del día, la que nuestras madres siempre nos han dicho que es la más importante.

¿Os hemos refrescado la memoria? Gilberta era aquella mujer que nos recibía temprano por la mañana siempre con una enorme sonrisa, que nos preparaba los cafés con una seriedad y un compromiso propia de quien tiene en sus manos tu vida. Era aquella figura femenina capaz de transmitir en un gesto cotidiano la sencillez, la elegancia y la dignidad que hace de las mujeres africanas los pilares de la sociedad. Sí esas partes que hacen un trabajo discreto, casi invisible, pero fundamental. Cada vez estamos más seguros, a las mujeres no les gustas fanfarronear, no alardean de nada porque están demasiado ocupadas en sostener el mundo como para entretenerse en el ejercicio superficial de vanagloriarse de que lo están haciendo.

Akanjak, el local de Gilberta

Akanjak, el local de Gilberta

Aquel texto incluía la explicación de cómo Gilberta, sin inmutarse y, sobre todo, sin dejar de trabajar, nos había dicho que estaba embarazada de nueve meses. Sus cuentas colocaban el parto justo en el momento en el que nosotros abandonábamos Oussouye, así que tuvimos que irnos sin conocer ni siquiera el sexo del bebé de nuestra admirada y elogiada dama.

Efectivamente, habéis pensado bien, cuando hemos regresado a Oussouye no hemos podido menos que acercarnos a Akanjak, la barraca en la que Gilberta prepara sus desayunos. Y allí nos hemos encontrado a Gilberta trajinando entre tazas, botes y cazuelas con su bebé inseparablemente amarrado a su espalda. Es una niña, la pequeña Ndeye Caroline.

Gilberta nos ha regalado su sonrisa, como era de prever y la pequeña nos ha obsequiado con una mirada atenta desde unos tremendos ojos atentos. Ya sabemos que es un ejercicio de ridícula adivinación pero, como ya nos pasó con Gilberta, en las pupilas de la pequeña Ndeye se nos refleja la vitalidad de esta tierra, la capacidad de su gente para avanzar, para salvar obstáculos, para continuar creciendo. Si su madre era el ejemplo de la fuerza de la mujer africana, la pequeña Ndeye es el ejemplo de la esperanza y el futuro.

Nota: Esta entrada fue escrita originalmente para el blog del Proyecto de Documental en Oussouye

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