Burkina Faso, la “revolución” fue tuiteada

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La sección Planeta Futuro de la edición digital del diario El País publicó este reportaje sobre el papel jugado por la plataforma de microblogging Twitter durante el levantamiento popular que terminó con el gobierno de Blaise Compaoré en Burkina Faso, tras 27 años en el poder

Burkina Faso, la “revolución” fue tuiteada

• La revuelta popular, que desembocó en la dimisión de Blaise Compaoré, ha dejado una profunda huella en Twitter

• La plataforma permitió amplificar la participación política en un momento crucial para el país africano

La protesta masiva de la oposición, el 2 de noviembre, en Uagadugú. / ISSOUF SANOGO (AFP)

Quizá sea verdad, como decía la famosa canción de Gil Scott-Heron, que la revolución no será televisada; sin embargo, lo que es casi seguro es que sí que será tuiteada y, para muestra el botón de los últimos acontecimientos en Burkina Faso. La revuelta popular, que desembocó el 31 de octubre en la dimisión de Blaise Compaoré, ha dejado una profunda huella en Twitter. Tanto que hasta el presidente depuesto ha utilizado esta plataforma para explicar sus movimientos y para hacer públicas sus declaraciones oficiales, incluso, cuando se encontraba camino de un incierto exilio. Esta plataforma ha permitido amplificar la participación política de ciudadanos anónimos y, al mismo tiempo, ha hecho posible que muchos más interviniesen, de diferentes maneras, en un momento crucial de la vida del país.

Más allá de la evolución que siga al proceso, lo cierto es que los días 30 y 31 de octubre de 2014 quedarán para la historia de Burkina Faso como las jornadas en las que un levantamiento civil de la capital puso en fuga a un presidente ampliamente contestado. Sin duda, han sido las protestas en las calles de Ouagadougou (y también de Bobo Dioulaso) las que ha acabado con el régimen de Compaoré después de 27 años en el poder y no los mensajes de 140 caracteres lanzados en la plataforma de microblogging. Sin embargo, Twitter ha sido una ventana privilegiada desde la que usuarios de todos los rincones del mundo han seguido los acontecimientos en la capital burkinesa.

El hashtag #Burkina, tendencia en los cinco continentes durante la mañana del día 1 de noviembre, según la herramienta TrendsMap

La oposición y amplios sectores de la sociedad civil llevaban días denunciando la voluntad de Blaise Compaoré de institucionalizar su apego al poder con una reforma de la Constitución, pero no habían conseguido que sus voces se escuchasen más allá de las manifestaciones. La Assemblée National debía votar la modificación constitucional el 30 de octubre por la mañana. En un mismo momento, los manifestantes asaltaron el parlamento y Twitter y la plataforma demicroblogging comenzó a arder antes incluso que el edificio de la asamblea.

Previamente, la red ya había alertado de un apagón de las telecomunicaciones animando un clima de clandestinidad que incrementaba la épica y el interés de los usuarios.

A partir de ese momento y durante el resto de la mañana, Twitter permitía seguir los movimientos de los manifestantes como si de unreallity show se tratase: los estragos en la Assemblée National, primero; el asalto a la televisión pública, después; y el saqueo de diferentes edificios de la administración, sedes del partido de gobierno y casas de políticos próximos al régimen, más tarde. Así, comenzaron a replicarse las imágenes que se harían virales, la de los cristales rotos del parlamento, las que mostraban a dos manifestantes eufóricos, uno de ellos con un escudo de los agentes antidisturbios de la policía o la de los asaltantes sentados en la mesa del telediario de la RTB1, justo después de que ésta dejase de emitir.

Y cuando los manifestantes se plantaron delante del palacio presidencial, Twitter empezó a ejercer de altavoz de la situación de confusión que se vivía en el país. Lo único que parecía claro a esas alturas era que la votación para la reforma de la Constitución había quedado suspendida. Por otro lado, el presidente, Blaise Compaoré, desaparecido durante unas horas, consiguió una ubicuidad excepcional. En pocos minutos, pasaba de haberse refugiado en Lomé (Togo), a haber aterrizado en Dakar (Senegal) o estar escondido en Abiyán (Costa de Marfil) siempre a través de “fuentes confirmadas”. Otros, más audaces, lo situaron en Paris, Marruecos e, incluso, en Oriente Medio, con mucho menos éxito de reproducción del mensaje. Esta situación terminó generando cierta mofa sobre la capacidad para esconderse del presidente. Más tarde se supo que en ese momento, Compaoré no había dejado todavía Uagadugú.

Todos los acontecimientos que se desarrollaron después, tuvieron también su reflejo en Twitter, un reflejo tan vívido que incluso reproducía la ambigüedad y el desconcierto de la crisis. Los tuiterosinformaban del rechazo del ejército a hacer frente a la revuelta, de los movimientos de los líderes de la oposición, de sus declaraciones y posicionamientos, de las negociaciones, las idas y venidas de embajadores y presumibles mediadores, del número de fallecidos en los enfrentamientos o del clima en las calles.

La situación no se aclaró durante el día. Entre las declaraciones ambiguas de los responsables múltiples del ejército, las de Blaise Compaoré negándose a dimitir y buscando ganar tiempo con la disolución del gobierno y la espera de la oposición que reclamaba un cambio definitivo, la tuitosfera, igual que el resto de los burkineses, se fue confusa a dormir. La pregunta más repetida a última hora de la noche del primer día de la revuelta era quién gobernaba el país. Esta inquietante duda hizo que el 31 de octubre el levantamiento no se disolviese, sino que se hizo más grande.

Sólo uno de los elementos de la ecuación se despejó durante ese segundo día. Compaoré, definitivamente, dimitió dejando “vacante el poder”.

La confusión, a partir de ese momento, se centraba en el papel del ejército, o más bien, de los diferentes líderes militares y de las figuras que se autoproclamaban responsables de la transición. La detención de algunos de ellos, terminó por dejar el sábado una sola carta, la del coronel Isaac Yacouba Zida.

Ni los tuiteros, ni los ciudadanos burkineses se olvidaron de la necesidad de poner un nombre a esta incógnita. Sin embargo, en un primer momento, prefirieron saborear una situación que se vivió como una victoria.

Esperando a que la situación se normalizase, los mensajes en la plataforma de microblogging se centraban en mantener una cierta tensión, para evitar que el éxito conseguido fuese aprovechado por un futuro régimen militar que no ofreciese a los manifestantes las mejoras por las que se habían echado a la calle.

Después de la resaca de la desaparición de Blaise Compaoré de la escena política burkinesa, los tuiteros se empeñaron el sábado por la mañana en dejar en la plataforma una imagen positiva del pueblo burkinés, quizá para equilibrar la agresividad de las imágenes generadas por las protestas. Los usuarios de Twitter más activos del país se hicieron eco de una iniciativa, la Opération Mana Mana, mediante la que se movilizó a la población para la reconstrucción y la limpieza de los desperfectos provocados durante las manifestaciones de los días anteriores. Paralelamente seguían reclamando una transición civil, aunque evidentemente la figura de Zida no generaba un rechazo comparable al del presidente depuesto.

La primera dimisión tuiteada

La presencia de algunos de los líderes burkineses en Twitter ha animado también considerablemente el debate (aunque no han sido precisamente los políticos los que han aprovechado este canal para debatir). Los usuarios han podido compartir y comentar sus mensajes, citarles e interpelarles directamente, aunque sin demasiado éxito. Las principales figuras de la oposición Roch Kaboré y Zephirin Diabré, ambos presentes en la plataforma, coincidieron en tuitear con cuentagotas durante los momentos de mayor tensión. Casualmente, también coincidieron en el tono de sus escasos mensajes: pedían calma y confianza en las negociaciones.

Sin embargo, lo más impactante de la tuitosfera burkinesa ha sido, sin duda, el perfil del propio presidente depuesto por las protestas, Blaise Compaoré. El ya ex-presidente tuiteó durante la jornada del jueves (además de hacerla pública por otros medios) la primera de las declaraciones con la que pretendía aplacar los ánimos de los manifestantes diciendo haber comprendido las demandas del pueblo, disolviendo el gobierno y estableciendo una transición liderada por él mismo.

Utilizó el mismo medio, cuando el viernes se dio cuenta de que sus propuestas no eran suficiente para contentar a los ciudadanos movilizados y terminó tuiteando su propia dimisión.

El incipiente interés de Blaise Compaoré por la plataforma de microbloggingrizó el rizo con una declaración que muy pocos podía imaginar. Después de su dimisión y cuando todo el mundo le suponía en fuga hacia un destino indeterminado (después se supo que se había refugiado en Costa de Marfil, también a través de la cuenta del gobierno de este país) se asomó a Twitter con una nueva revelación, esta vez con un tono de magnanimidad propio de un abnegado estatista. Compaoré presentaba su dimisión como un sacrificio en pro de la democracia y de la paz en el país, agradecía a sus partidarios sus padecimientos, llamaba al pueblo burkinés a mantenerse unido para construir el futuro y aceptaba todas las “vejaciones” de las que pudiese ser objeto a cambio de la unidad y perdonaba a aquellos que le habían traicionado.

Sankara, presente

Durante todo el proceso, lleno de momento de extrema confusión, los tuiterostuvieron tiempo para recordar a una figura fundamental en el origen de toda esta situación, el capitán Thomas Sankara. El líder, que se ha convertido en un icono de la lucha por un África unida y fuerte, fue asesinado en 1987 en circunstancias que todavía no se han aclarado, cuando era presidente de Burkina Faso. La figura mítica del personaje ha llevado a considerarle “el Ché Guevara africano”. Precisamente, Blaise Compaoré que había sido colaborador del joven capitán, fue una de las personas directamente beneficiada con su asesinato, ya que le sucedió al frente del país. Ese crimen y la sucesión de Compaoré fueron el inicio del mandato que concluyó el 31 de octubre, 27 años después.

Por este motivo, durante toda la jornada, las informaciones sobre la situación en Ouaga estuvieron jalonadas de recuerdos nostálgicos de la figura de Sankara y de un cierto aire de venganza y de ajuste de cuentas.

 

La revolución (#)Lwili

Foto3: Comparación del uso de los hashtags #Burkina, #Lwili y #CompaoréDegage, a partir de los datos de la herramienta Analytics Topsy.

Durante la mañana del jueves, en un intento por poner un nombre épico al levantamiento que se estaba viviendo en las calles de las principales ciudades burkinesas, algunos tuiteros hablaron de la revuelta como la “Révolution des Hirondelles” (la revolución de las golondrinas) haciendo referencia a uno de los símbolos del país, el Lwili Peendé, un pañuelo con la estampación de una golondrina que lleva un mensaje en su pico, y que se ha convertido en una enseña burkinesa desde después de la IIª Guerra Mundial.

Se da la circunstancia de que ese mismo pañuelo llevó a la tuitosferaburkinesa a elegir ese nombre como su hashtag (etiqueta utilizada en Twitter) identificativo. La similitud de ese símbolo nacional con el logotipo de Twitter (un pájaro, también) hizo que en mayo de 2013 se estableciese, oficiosamente, #Lwili (que significa pájaro en moree) como el hashtag para identificar los mensajes de los tuiteros burkineses (que ya se usaba antes). De esta manera hace ya más de un año y medio que la comunidad demicroblogueros del país utiliza el #Lwili como si se tratase de una denominación de origen.

No es de extrañar que ante unos acontecimientos como los de los últimos días, percibidos como cruciales, se haya echado mano de esta herramienta. El éxito del uso de esta etiqueta para todo tipo de mensajes relacionados con la revuelta ha llevado en algunos momentos a la confusión de considerarla el hashtag del levantamiento. A diferencia de lo que ha ocurrido en otros lugares, #Lwili no ha sido una iniciativa creada exprofeso para este movimiento, un papel que correspondería a otros hashtags como #BlaiseDegage o #CompaoréDegage (Compaoré lárgate), sin embargo, se ha impuesto como el hilo más adecuado para compartir informaciones y opiniones sobre esa “revolución” en Burkina Faso. Por tanto, no ha tenido un papel de movilización de los ciudadanos en torno a las protestas, sino más bien de canal de comunicación y de espacio de intercambio de informaciones y de opiniones.

El uso de #Lwili ha llegado a acercarse considerablemente al hashtag que aparecía como más evidente (#Burkina). Ha sido utilizado por la comunidad de usuarios burkinesa y por otras comunidades amigas como la senegalesa, la marfileña o la camerunesa, además de por la diáspora. Ha sido empleado por medios de comunicación internacionales tanto de la esfera francófona como de la anglófona, desde Foreign Policy o The Guardian, hasta Radio France International (Rfi) o France24. He, incluso, el ex presidente Blaise Compaoré lo colocó en sus tweets, evidentemente, con el objetivo de llegar al mayor número de personas interesadas por los hechos en Burkina que fuera posible.

Podéis leer la publicación original en Planeta Futuro

 

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