¿Quién dijo África? 12: Ébola: amaestrar a las serpientes y mirarse al ombligo

ebolaEn las redacciones de los medios de comunicación, se llama “serpientes de verano” a las noticias que salvan la tediosa labor de buscar temas en la época estival, cuando las pulsaciones de la actualidad están bajo mínimos y que el mundo que nos rodea ha cerrado inexplicablemente por vacaciones. Las “serpientes de verano” son noticias que, en realidad, sólo son noticia en esta época del año, cuando los medios de comunicación miran hacia rincones que durante el resto del año quedan olvidados. Las “serpientes de verano” tienen la particularidad de que se estiran y se estiran hasta límites insospechados y que se explotan al máximo todos los detalles (hasta los más insignificantes) para mantenerlas vivas el mayor tiempo posible, esperando a que vuelva la actividad cotidiana a la actualidad. El actual brote de ébola declarado en África Occidental se parece sospechosamente a una “serpiente de verano”. Hacía mucho que los focos no se mantenían durante tanto tiempo en el continente negro y la explicación quizá tenga que ver con dos elementos: la llegada del verano (y sus serpientes) y la posibilidad de relacionarlo con occidente (es decir, de mirarnos al ombligo, nuevamente).

Se dice que, originalmente, las “serpientes de verano” tenían que ver con noticias insignificantes que se magnificaban y que habitualmente tenían que ver, incluso, con sucesos inauditos, de la esfera de lo sobrenatural (ovnis, monstruos, extraterrestres y cosas por el estilo). De hecho, se atribuye su nombre al monstruo del Lago Ness que oportunamente reaparecía durante los veranos para llenar páginas anodinas de periódicos. Con el tiempo, se ha ampliado el uso de la expresión y se refiere, en general, a hechos que en otros momentos no serían capaces de atraer la atención de los medios, de colarse en la agenda mediática. Queda a un lado, la insignificancia de las noticias, porque ya es evidente que esa agenda no recoge necesariamente las noticias más importantes, sino las que más interesan por motivos muy diversos.

Mirando la cobertura mediática, parece que, casualmente, el brote de ébola ha “estallado” precisamente en verano y, precisamente, cuando había posibilidad de vincularlo a pacientes occidentales, los dos trabajadores humanitarios estadounidenses y el cura español que falleció después de un espectacular traslado a Madrid, con un despliegue de medios inusitado.

El “paciente cero”, aquél a partir del que comenzó la epidemia, murió, nada más y nada menos, que el 6 de diciembre de 2013, según los estudios posteriores, y se trataba de un niño de dos años que vivía en una localidad de Guinea-Conakry, muy cerca de la frontera con Sierra Leona y Liberia. De acuerdo, puede que la muerte de un niño en una zona rural de un pequeño país africano sea difícilmente noticiable, teniendo en cuenta las estructuras que tienen los medios ahora mismo.

Pero más de tres meses después, en marzo, la existencia de un brote de ébola, ya era evidente. Algunos medios habían informado de las medidas que los países de la región estaban tomando. La OMS estaba al corriente y lo decía; y las autoridades españolas también tenían conocimiento porque algunos trabajadores de la zona habían solicitado la evacuación a la embajada. La ONG Médicos Sin Fronteras ya dejaba claro que las cosas se estaban poniendo feas, había aumentado su despliegue en la zona y puesto en marcha un plan especial y el 1 de abrilconsideraba que se trataba de “una epidemia de Ébola sin precedentes”. Pero era abril y en abril pasan muchas cosas.

Desde la primera noticia aparecida en marzo hasta el 31 de julio, la edición digital de El País, recoge apenas una cuarentena de noticias relacionadas (de maneras muy diversas) con el brote. Sin embargo, desde el 1 hasta el 25 de agosto, este número sobrepasa las 140. La referencia a El País es sólo un ejemplo que no pretende ser inquisitorial, teniendo en cuenta que fue uno de los primeros en hacerse eco y que después ha realizado una interesante cobertura (evidentemente con algunas sombras). En El Mundo, por ejemplo, la proporción es de seis noticias antes del 1 de agosto y 57, a partir de ese momento. En la web de La Vanguardia se referencian 180 entradas (entre noticias duplicadas en sus diversas ediciones, fotografías, etc) con la palabra ébola, en el periodo previo a agosto (algo más de cuatro meses), mientras que durante el mes veraniego (hasta el 25 de agosto), las entradas ascienden a 930*.

Seguramente, hay quien argumente que el interés ha ido creciendo, porque el impacto de la epidemia también lo ha hecho, o que a medida que el virus se ha mostrado como más letal ha atraído más la atención. En todo caso, que este aumento del interés se produzca casualmente a partir del 1 de agosto resulta curioso. Además, el 31 de julio, los datos de la OMS señalaban que la enfermedad había causado 729 muertes. Más aún resulta, cuando coincide con otro fenómeno. Ese mismo día 1 de agosto fue el día en el que se hizo público que EE.UU. iba a repatriar a los dos primeros enfermos occidentales, dos trabajadores sanitarios norteamericanos. Después, el 5 de agosto, vinieron las noticias sobre la infección del religioso español Miguel Pajares, y su posterior traslado a Madrid, en lo que se ha considerado un “espectáculo sanitario”, con las televisiones retransmitiendo en directo la llegada del avión a la base de Torrejón y el posterior recorrido en ambulancia (con las carreteras cortadas y un amplio dispositivo policial) hasta el hospital Carlos III.

De esta manera el paquete estaba completo. El ébola se convertía, de alguna manera, en un problema que afectaba directamente al Norte y, además, llegaba en plena sequía informativa estival. En ese mismo momento, muchos internautas se quejaban de que los más de setecientos muertos africanos, incluido el médico sierraleonés Umar Khan, líder en la lucha contra el virus en su país y “héroe nacional” por su denodada pelea, no habían merecido la atención de los medios que había despertado un solo médico estadounidense, en relación al despliegue por la infección de Kent Brantly.

A partir de ese momento, todos los países, desde Chile hasta Malasia, se apresuraban a descartar un peligro en el interior de sus fronteras y los estados europeos y norteamericanos aseguraban que estaban poniendo las medidas. Alargar la “serpiente del verano” y mirarse al ombligo al mismo tiempo, lleva, en ocasiones a enfoques aberrantes e, incluso, peligrosos, muy al estilo de la película Estallido. No ha tardado en relacionarse el brote de ébola con un tema que parece aceptar todo tipo de relaciones alarmantes, la inmigración. Y a pesar de que muchos periodistas se han afanado en demostrar lo difícil que resulta que un migrante transporte ese germen de la destrucción a Occidente(nótese el tono irónico), no ha tardado en fundirse milagrosamente la “amenaza” de aquellos que esperan al otro lado de la frontera sur de Europa, con la “amenaza” de una epidemia que acabe con nuestro bienestar. El argumento es sencillo, la incubación de la enfermedad es de, como mucho, 21 días. La posibilidad de que un clandestino infectado sea capaz de atravesar nuestras fronteras es entre mínima y ridícula. Moriría antes. Y punto.

A finales de agosto, José Naranjo, uno de los periodistas españoles que más intensamente han cubierto la epidemia, sobre el terreno y en la distancia, para el diario El País publicaba la siguiente actualización en su muro de Facebook:

“Tras el incontestable y simpar éxito de las redadas raciales en España, llegan ahoraaaaaa, tatatatachaaaaan, LOS DIAGNÓSTICOS RACIALES. Amigo, si eres NEGRO y tienes un poco de fiebre y te duele un poco la garganta, ten cuidado si vas al hospital. Lo más probable es que el personal médico empiece a fibrilar, se pongan todas un traje de astronauta, te metan en una habitación marciana y te digan que igual tienes el ébola, con el consiguiente escándalo mediático. Da igual que seas de Senegal, donde NO ha habido ningún caso, o que NUNCA hayas estado en contacto con personas enfermas, condición IMPRESCINDIBLE para tener ébola. Apúntate a la moda, el DIAGNÓSTICO RACIAL ha llegado”

Ese es el último episodio de la “serpiente de verano” y de la incurable manía de la egolatría de los medios occidentales. Alicante, País Vasco o Barcelona, se multiplican los casos sospechosos (con muy poco fundamento) en el ámbito doméstico. Y lo malo no es que se tomen las precauciones, lo escandaloso es la repercusión mediática que tienen estos episodios. Sobre todo, porque es evidente que las condiciones de expansión de la epidemia en África no son las mismas que en Occidente, incluso en caso de que llegase algún enfermo.

Ahora, habrá que esperar a ver qué pasa con este foco mediático cuando vuelva la cotidianeidad informativa, cuando vuelva la información parlamentaria, cuando los políticos regresen de sus vacaciones, cuando los juzgados vuelvan a estar al 100%, cuando la liga de fútbol ya haya recorrido los primeros pasos e, incluso, cuando los abonados a las sillas de Sálvame y la prensa rosa, en general, se desperecen por completo. Es una incógnita cómo evolucionará la epidemia, pero con un poco de perspectiva histórica no es descabellado pensar que la “serpiente de verano” volverá a hibernar durante el curso, hasta que el próximo año tome una nueva forma.

* Se trata una búsqueda simple, únicamente mediante las entradas que contienen la palabra “ébola” por lo que aparecen algunas que no están directamente vinculadas con el actual brote.

Versión en catalán del artículo

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