Diriye Osman, el dolor que engendra belleza

Diriye Osman, retratado por el fotógrafo Bahareh Hosseini. Fuente: web de Diriye Osman

Diriye Osman, retratado por el fotógrafo Bahareh Hosseini. Fuente: web de Diriye Osman

Represión sexual, exilio, enfermedades mentales… son algunos de los temas que cimentan la literatura de Diriye Osman. Se podría decir que son los ladrillos con los que Osman construye un relato de una belleza turbadora. Los relatos de Osman son inquietantes precisamente por la delicadeza que destilan y la contradictoria sensación de paz y optimismo que generan. Cuando uno lee la biografía de este joven autor somalí y se enfrenta a uno de sus textos se cubre de una coraza defensiva en previsión de la bofetada de una vida desgarrada y atormentada. Y efectivamente a las primeras líneas la armadura salta por los aires, pero no por una violenta bofetada, sino por una delicada caricia. Simplemente, los relatos de Osman desmoronan al lector, por la sencillez, por la sinceridad, por la honestidad. Estamos tan poco acostumbrados a estos rasgos que, sin embargo, consideramos positivos, que cuando nos los encontramos de una manera tan desnuda, sentimos una sensación de vértigo paradógicamente agradable. La lectura de las letras de Osman nos hace sentir que caemos, sí, pero nos generan la certeza de que aterrizaremos sobre una cama de plumas.

Uno de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

Uno de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

La primera obra del escritor somalí Diriye Osman (Mogadiscio, 1983) es un volumen de relatos cortos titulado Fairytales For Lost Children (“Cuentos de hadas para niños perdidos”), publicada en 2013. En Reino Unido recibió el favor de la crítica, pero evidentemente apenas trascendió. Ahora llega de rebote, al recibir el  Polari First Book Prize, que premia una primera obra que relate la experiencia LGTBI. Y es con este descubrimiento, cuando uno entiende el verdadero valor de los premios: dar una nueva oportunidad para descubrir trabajos literarios que pueden hacernos mejores personas.

La vida de Osman está marcada por sucesivos golpes. Por un lado, la experiencia del exilio, del doble exilio. Nació en Mogadiscio y su familia se vio obligada a dejar el país cuando en 1990 la violencia de la guerra civil se hizo insostenible. Se instalaron en Nairobi, en una Kenia que el escritor recuerda como un lugar en el que los somalíes estaban marcados, considerados “ciudadanos de segunda” y acosados por los sobornos a las autoridades para tratar de mantener una “vida normal”. Once años después, se repitió la mudanza, esta vez hacia Londres. Y llegados a Reino Unido la endeble salud mental del escritor terminó de resquebrajarse. Con un trastorno bipolar, Osman ha ingresado en diversas ocasiones en instituciones de salud mental, pero esas experiencias han sido algunas de las que le han abocado a la literatura, primero como un lector compulsivo y después como un escritor en busca de la catarsis. Además, el autor somalí es homosexual y, durante mucho tiempo, como él mismo se confiesa, un “gay reprimido”, lo que ha añadido una carga más a su personalidad. Osman ha demostrado la capacidad para convertir esas cargas, esas tribulaciones en una sensibilidad especial, fuera de lo común.

Otro de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

Otro de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

La página web de Diriye Osman está jalonada de perlas, pensamientos, fragmentos de cuentos y cuentos inéditos, reflexiones concienzudas sobre el valor del arte, sobre la condición de la homosexualidad, sobre la lucha por fraguar una identidad, sobre su propia enfermedad… En este último sentido, el escritor somalí demuestra su habilidad con las metáforas al explicar cómo le hacía sentirse su trastorno: “El síndrome maníaco depresivo – o el trastorno bipolar – es como una carrera hacia un acantilado antes de zambullirse de cabeza en una cavidad. (…) Te sientes como si hubieses comido estrellas y ahora estuviesen brillando dentro de ti. Cuando aún no has ganado la confianza, en el último momento, llega el énfasis de la estafa, porque te sientes engañado cuando te estrellas inevitablemente en esa cavidad”. Osman ha puesto su trastorno en relación con el arte, en un ensayo titulado How Art Can Save a Life (“Cómo el arte puede salvar la vida”) en el que ofrece visiones como la que se ha citado, basadas radicalmente en su experiencia. “La vida tras las puertas de la escuela planteaba sus propios problemas. Yo era un chico gay, afeminado que constantemente era machacado por los matones por ser femenino y por ser somalí. Me dibujé a mí mismo y desmonté mi cordura y el sentido de la identidad como una muñeca matrioska”, continúa el escritor en el mismo trabajo, vinculando su sexualidad, la experiencia del exilio y las experiencias traumáticas que le han marcado.

En este mismo trabajo, el escritor se refiere a las artes visuales, su otra dimensión creativa diciendo cosas como las siguientes: “La salvación llegó en la forma de arte. Siempre me había gustado la pintura y mis padres estaban orgullosos y me apoyaron apoyo. (…) El acto de la creación me ayudó a exteriorizar mis sueños y deseos sin temer ser denunciadp. Estos personajes hermosos, de ninfa se convirtieron en mediadores para mí, me sacaron de la monotonía dolorosa de mi vida diaria. Cuando pintaba, era poderoso. Nada más importaba”.

Diriye Osman reads from ‘Fairy Tales for Lost Children’ from WordFactory on Vimeo.

Para este escritor su homosexualidad es fundamental en su experiencia. “Cuando publiqué este libro el año pasado, recibí correos electrónicos de hombres y mujeres jóvenes LGBT procedentes de Somalia, Kenia, Nigeria y Uganda, diciéndome lo mucho las historias significan para ellos, y cómo les consolaba saber que yo estaba escribiendo estas historias sin vergüenza ni miedo. La vergüenza y el miedo son las armas más potentes en el arsenal de la homofobia. Si se rechaza la idea de que uno tiene que estar avergonzado de ser gay o lesbiana, se gana la mitad de la batalla. He intentado alentar y motivar a estos jóvenes hombres y mujeres lo mejor que he podido con los correos electrónicos, pero también les diría que deben salir al mundo y formar amistades importantes y redes de apoyo donde pueden ser ellos mismos sin temor al juicio. En momentos en que los jóvenes LGBT en todo el mundo están perdiendo la vida por el estigma homófobo es importante recordarles que ellos son dignos y sus vidas tienen valor”, dice Osman en un texto titulado “Ser joven, gay y africano”.

Teniendo en cuenta todas estas condiciones, no es de extrañar el carácter profundamente turbador que la escritura tiene para este autor: “Como escritor de cuentos, no hay nada más gratificante para mí que la lectura de una pieza de ficción corta magníficamente elaborada. La forma de razón de ser es la brevedad y los mejores cuentistas no pierda ni una palabra. Cada detalle cuenta. Si la novela es una gran mansión con habitaciones cavernosos, el cuento es una casa de muñecas exquisitamente hecha a mano”. Y así son los textos de Osman, “una casa de muñecas exquisitamente hecha a mano”. A Fairytales For Lost Children se le han ofrecido todo tipo de elogios. Uno de los más emotivos es el de la dibujante estadounidense Alison Bechdel que ha dicho del libro que crea un refugio para sus personajes desplazados, “un lugar cálido, que es a la vez real e imaginario, en que se encuentran la liberación política, sexual, y en última instancia psíquica”. Fairytales For Lost Children es, en todo caso, una especie de retablo de personajes que viven a su manera diferentes experiencias de homosexualidad, exilio y búsqueda de indentidad.

En la web de Diriye Osman se puede encontrar uno de los relatos más recientes del autor somalí que sirve de espectacular ejemplo de su narrativa. This is how we soften our hearts (“Así es como suavizamos nuestros corazones”) cuenta la historia de una madre que escribe a su hija con una ternura y una comprensión estremecedoras. La madre, al borde de la muerte, se reconcilia con su hija,  que no siempre fue su hija, sino que se fue a Londres para pasar de ser su hijo a convertirse en su hija. Sin embargo, pronto se descubre que la mujer no intenta redimirse (aunque pide disculpas), primero cuando se percibe que siempre se dirige a su interlocutora como “hija”, pero sobre todo cuando se revela que lo que pretende es dar un consejo a su hija, un consejo entre mujeres.  Mejor descubridlo por vosotros mismos…

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