El humor pedagógico y cotidiano de Konan

Venance Konan. Fuente: 2709 books - Abdoulaye Coulibaly

Venance Konan. Fuente: 2709 books – Abdoulaye Coulibaly

Venance Konan es uno de los periodistas y escritores contemporáneos más conocido de Costa de Marfil. Y como autor de ficción este controvertido narrador tiene la particularidad de ser una especie de prisma con caras diferentes y diversas. En esta misma sección se ha hablado ya en una reseña de la dimensión más política del narrador marfileño. Sin embargo, ahora queremos ocuparnos de otro aspecto de este mismo autor que resulta atractivo. Se trata del Venance Konan de los relatos cortos, concretamente, de las tres narraciones que ha publicado en castellano la editorial 2709 books Robert y los Catapila, El entierro de mi tío y La gata de Maryse.

Los tres relatos breves tienen elementos en común. Hace poco más de un mes, Sonia Fernández Quincoces, preguntaba a Konan en una entrevista publicada en el blog Literáfrica por qué utilizaba el humor en sus historias y el escritor respondía: “¿Por qué el humor en mi escritura? No sabría decirlo. Es quizá un rasgo de mi carácter; o también que los asuntos serios llegan mejor cuando se narran desde el humor”. Y esa estrategia es la que usa de manera sistemática en los tres relatos de los que se habla. Aparecen como historias humorísticas, ligeras y desenfadadas, pero no hay que escarbar demasiado para darse cuenta de que debajo de la superficie los relatos tienen una considerable profundidad o, al menos, una considerable voluntad pedagógica. A decir verdad, además, Konan ha encontrado los mecanismos para que esa intención de transmitir un mensaje se cumpla.

De hecho, Venance Konan ha reconocido que utiliza voluntariamente el humor para “pasar” el mensaje, pero ese no es el único elemento de su estrategia. Los relatos de este escritor marfileño beben directamente de las fuentes tradicionales y, al menos, en los tres ejemplos de los que se habla se descubre claramente la estructura de los cuentos populares, aquellos que habitualmente han conformado la literatura popular en África, la que se ha transmitido generalmente de manera oral. El esqueleto de las narraciones no es demasiado complejo; la presentación de los personajes (pocos habitualmente) se hace de manera sencilla, a medida que evoluciona la historia, y no es excesivamente profunda; el relato se dirige en un sentido evidente y hasta previsible, pero en el último momento da un giro (a menudo también previsible); y, finalmente, se pone de manifiesto la enseñanza que se pretende transmitir, la moraleja.

• En El entierro de mi tío, Konan se traslada hasta el entorno rural marfileño para plantear la hilarante historia de un hombre recién fallecido, que no ha tenido hijos, narrada por uno de sus sobrinos. El narrador plantea la tradicional figura del viejo cascarrabias, un hombre pendenciero que a lo largo del tiempo ha conseguido enemistarse con todos sus vecinos a través de los episodios más absurdos. Este escenario, que transita sistemáticamente por las sendas del ridículo, sirve para enfrentar las creencias tradicionales a una prueba insuperable.

• La gata de Maryse, sin embargo, se desarrolla en el entorno urbano y se centra en la historia de un estudiante, militante sindical y contestatario impenitente. En todo caso, la protesta no es la única obsesión del protagonista. Konan circula, en este caso, en los límites de lo escatológico aprovechando un juego de palabras. La “chat” (gata en francés) hace referencia tanto al sexo femenino como al animal y el autor juega con el equívoco sin sutileza para relacionar el contacto del protagonista con una periodista francesa y su particular combate con su principal rival, la gata que la expatriada tiene como animal de compañía. El autor aprovecha para hablar de la disidencia, de las condiciones de los estudiantes, pero también del poder destructor de la envidia y de la avaricia. Una lección que se transmite de manera casi desapercibida.

• Por último, Robert y los Catapila es una historia de convivencia y diversidad cultural, pero desde una visión muy particular. La holgazanería y la envidia de Robert están en la base de su relación con unos recién llegados a los que en el pueblo bautizan como los Catapila. La historia recordará al lector, inevitablemente, a la fábula de La cigarra y la hormiga sólo que el comportamiento del protagonista es aún más chusco que el del insecto. Y la relación entre las dos comunidades va adquiriendo poco a poco un cariz más dramático hasta que llega el momento de la moraleja.

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Estos tres relatos se nos hacen accesibles en castellano gracias a la actividad de 2709 books, una editorial alicantina fundada en 2013 e impulsada por Marina M. Mangado. Robert y los Catapila, El entierro de mi tío y La gata de Maryse, son los tres primeros libros de este ambicioso proyecto que se propone publicar “Otras historias. Otros autores. Otros formatos”. A su apuesta por la literatura africana se suma el hecho de publicar, sólo, en formato digital, con lo que consiguen acercar más esas literaturas poco accesibles. No sólo buscan publicar obras no traducidas en castellano hasta el momento, sino que además lo hacen de la manera más accesible. Los interesados pueden conseguir cualquiera de estos tres títulos (relatos breves) por entre 2 y 3 euros.

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