¿Quién dijo África? 11: Nigeria: enfocar y desenfocar

nigeria bandera 11El 6 de Abril Nigeria se convirtió en la primera economía africana, pero eso no le condujo a las portadas de los diarios. El 14 de Abril el grupo fundamentalista Boko Haram secuestró a más de 200 niñas en un colegio de la localidad de Chibok, en el estado nororiental de Borno. Pero, no nos engañemos, ni siquiera eso hizo despertó el interés sobre el país. El foco de los medios internacionales sólo se centró masivamente en el gigante africano cuando personajes como Michelle Obama, Sean Penn o Pau Gasol -entre muchos, muchos otros- compartieron en las redes sociales fotos propias con un cartel con el que pretendían exigir la liberación de las últimas niñas secuestradas.

Y digo de las últimas porque ya había habido secuestros infantiles previos en el mismo espacio que no habían merecido la atención de los famosos, únicamente por una cuestión de número.

De repente todos los medios impresos y todos los programas de radio y televisión informativos hablaban de Nigeria, de Boko Haram y de las niñas secuestradas. Y ése es el caldo de cultivo más adecuado para interpretaciones simplificadas, análisis parciales y visiones deformadas. Y sin tener en cuenta el componente de sentimentalismo que favorece el hecho en sí. Todos ingredientes perfectos para ahondar en el discurso más negativo y paternalista.

De pronto, María Teresa Fernández de la Vega, ex vicepresidenta del Gobierno con el PSOE y actual presidenta de la Fundación Mujeres Por África se convirtió en una referencia en el tema, en principio porque en el momento de la aparición de la campaña en las redes sociales se encontraba en Nigeria. En todas sus intervenciones reprodujo el discurso más criticado tanto en el ámbito africanista -con un tono paternalista- como en el de construcción de la paz -demonizando a una de las partes del conflicto.

En una entrevista en el programa Julia en la Onda, de Onda Cero, la presentadora, Julia Otero adornaba la presentación del tema con frases del estilo “nos preguntamos si esto de secuestrar, torturar y vender niñas y adolescentes se está convirtiendo algo así como en una moda en los conflictos políticos y religiosos en el conflicto africano” o la “conversión de niños en niños soldado en diversos conflictos africanos”. De la Vega durante su intervención hablaba de “horror”, “crimen atroz” y “atentado terrorista brutal”, de mensajes “intolerables” de los “terroristas” y exigía que la “sociedad mundial” tomase cartas en el asunto porque se trataba de un “crimen contra la ciudadanía global” -sobreentendiendo que el Gobierno nigeriano no podía hacerlo. Pretendía que se alzase la voz para lanzar el siguiente mensaje: “No van a tener el más mínimo espacio donde estar en todo el mundo, porque allí donde vayan vamos a ir a por ellos” y exigía una “acción concertada global” -por parte de todo el mundo, de todos los gobiernos y todas las instituciones- que implicaba “servicios de inteligencia, agentes de intervención preparados de la comunidad internacional”. Al parecer el gobierno nigeriano había perdido el derecho a su soberanía, es decir, a actuar en su propio territorio porque su reacción había sido “tardía” y no lo “suficientemente contundente”.

En otra intervención en este caso en Hoy por Hoy de la Cadena Ser reproducía el mismo mensaje e insistía en la necesidad de una “rápida intervención” para el rescate “inmediato e incondicional”. Según su explicación, no era el momento de criticar, de discutir, ni de reflexionar, era el momento de “actuar” y apoyar al gobierno de Nigeria “con todos los medios” para “rodear a estos terroristas, a estos asesinos y pararlos”, y hacerlo además “de manera contundente”. “Vamos a por ellos, vamos a liberar a las niñas”, aseguraba De la Vega. La ex vicepresidenta insistía en la necesidad de una intervención, “actuar de forma inmediata”.

Son sólo dos ejemplos de un discurso repetido una y otra vez, llevado al extremo en el programa Materia Reservada 2.0 también de Onda Cero. El presentador Bruno Cardeñosa iniciaba el programa del 11 de Mayo sin presentación con las palabras “pánico, terror, locura” y anunciado que iban a referirse a “un personaje siniestro, un enfermo”, “ese personaje que causa pavor, rechazo, asco”. Después, Fernando Rueda, que por otro lado confesaba que se había sorprendido al saber que Nigeria tenía 170 millones de habitantes -es decir, dando a entender que se había informado sobre el tema sobre la marcha- reflexionaba sobre lo ocurrido con un despliegue de precisión al estilo “las viola, las vende y tal” o “el presidente de Nigeria tampoco había montado un follón” o “este tío es un pirado que lleva al grupo a cometer barbaridades” y que “Nigeria es un país gigantesco” que “tiene un montón de petróleo”. Con este nivel de análisis se llegaron a escuchar frases como la definición del Abubakar Shekau como “uno de los personajes más siniestros y asquerosos del planeta” rubricada con un “ojalá se vaya al infierno”. La reflexión lleva a Cardeñosa y Rueda a considerar que los 4.000 asesinatos de Boko Haram no han provocando ninguna consecuencia, basándose en el hecho de que no han salido en los medios y obviando las movilizaciones ocurridas en Nigeria, en vez de hacer una crítica al sistema informativo mundial y a los medios.

Hay dos cuestiones básicas de la comunicación para la paz que chocan frontalmente con este discurso y que, curiosamente, se alinean con el sentido común, aunque no necesariamente con el sentimentalismo. En primer lugar,demonizar a una de las partes de un conflicto no ayuda a su resolución. Lo mismo ocurre, por muy reprobables que nos puedan parecer unos hechos, con las motivaciones. En este sentido vaciar de contenido, “despolitizar” por así decirlo, unas reivindicaciones o un objetivo, no acerca las posturas. Es más las hace absolutamente incompatibles. Así, con un loco, con un enfermo, con un desequilibrado, no se puede llegar a un acuerdo. Del mismo modo, ante la mafia, la violencia gratuita, la irracionalidad, no hay negociación posible. Y el único resultado posible es la solución militar que parece exigirse, por cierto, en contra de lo que han dicho algunos destacados nigerianos.

Sin embargo, este espacio abonado para el discurso simplista y facilón se ha convertido en un motivo de esperanza, porque cada vez más vemos aparecer artículos e intervenciones con un análisis más profundo y más sereno que se sobreponen a la aparentemente imparable marea de los posicionamientos avasalladores.

La editora nigeriana Jumoke Balogun daba una lección con un artículo titulado “Queridos americanos, sus hashtags no van a #BringBackOurGirls” (devolvernos a nuestras niñas). En realidad podrían provocar cosas mucho peores” en el que alertaba de cómo Estados Unidos puede aprovechar -y aprovecha- un estado de opinión provocado por la indignación internacional para justificar acciones orientadas a desarrollar una política exterior concreta. El hecho es que estas acciones serían intolerables si no mediase esa indignación, pero puestos contra la espada y la pared llegamos a considerarlas un mal menor.

En la prensa internacional, algunos medios han explorado lo ocurrido desde todos los puntos de vista y dando voz a personas que pensaban y argumentaban posiciones encontradas -eso es la pluralidad. Uno de esos casos es el del diario británico The Guardian y el ejemplo perfecto es el del escritor e historiador nigeriano Max Siollum en “Boko Haram: seis razones por las cuales el grupo nigeriano se ha hecho tan poderoso”. Más o menos acertadamente, Siollum era al menos atrevido, crítico y profundo y hablaba de conexiones políticas, de desigualdades sociales en el país, de la compleja configuración étnica y religiosa -más allá del estereotipo del norte musulmán y el sur cristiano-, de las limitaciones tácticas del ejército nigeriano y de las previsibles consecuencias de una operación de rescate.

Sin embargo, en medios más próximos también podemos encontrar piezas más que respetables. Entre otras, con un enfoque estratégico, aparece la que Íñigo Sáez de Ugarte firmaba en eldiario.es con el título “Qué es Boko Haram, el grupo yihadista autor del secuestro de centenares de niñas en Nigeria” y que demuestra que no es necesario ser tendencioso para explicar una situación. Eso sí, hace falta hacer un análisis fino cuando la situación es compleja.

Pero sin duda, el que se lleva la palma como trabajo acertado y cuidadoso es el artículo de Xavier Aldekoa publicado en esglobal bajo el título “Nigeria: potencia, terror y futuro”. Aldekoa estructura su artículo como una sucesión de estereotipos y da las respuestas adecuadas a cada uno de ellos, desde el típico “hay una guerra entre musulmanes del norte y cristianos del sur” hasta el tentador “enviar más soldados al norte es la única solución”. Evidentemente el periodista no tiene más remedio que poner de manifiesto las contradicciones. No hay afirmaciones sencillas, simples e incontestables, porque la situación es compleja. Lo que sí que hace es dar explicaciones creíbles y serenas y, sobre todo, llenarnos de esperanza y recordarnos que todavía hay periodistas dispuestos a tratar con respeto África, aunque el espectáculo de circo romano exija lo contrario. Por cierto, el artículo de Aldekoa llega cuando la atención mediática por esos hechos intolerables y que hieren a la humanidad habían perdido el favor de las portadas.

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