Las TIC en África, sector económico en alza y herramienta social

“Las TIC en África, sector económico en alza y herramienta social” es un artículo publicado en el número 67 de la revista Economía Exterior y escrito por Antoni Castel y Carlos Bajo Erro. En un número que la publicación dedica a África, el texto se fija en la pujanza de la tecnología como uno de los sectores económicos más prometedores del continente negro. Sin embargo, el artículo no se queda en la dimensión económica de la tecnología, sino que aprovecha esta circunstancia para abordar también la importancia del papel social y el potencial de transformación de las redes sociales y las TIC, en general, como herramientas al servicio de unas sociedades que han encontrado una nueva vía para expresarse y desarrollar sus inquietudes

portada ecoext67Las TIC en África, sector económico en alza y herramienta social

Antoni Castel y Carlos Bajo – Economía Exterior 67

Antoni Castel, Universitat Autònoma de Barcelona. Carlos Bajo, periodista

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En poco más de una década, de 2000 a 2012, el uso de Internet en el continente aumentó un 3.606,7 por cien. Más allá de las iniciativas comerciales, las TIC han abierto una enorme cantidad de puertas a los usos sociales, desde la educación hasta la participación social y política.

A pesar de la baja penetración de Internet y del escaso poder adquisitivo de la mayoría de los africanos, África destaca por la vivacidad de las redes sociales como instrumentos para fiscalizarlos gobiernos y por las iniciativas sociales que surgen para aprovechar el potencial de las tecnologías de la comunicación (TIC). En el norte de África, en la denominada Primavera Árabe, las redes sociales contribuyeron a la difusión de los excesos de unos regímenes dictatoriales, como el tunecino y el egipcio, y a informar de la represión. Fueron, por tanto, agentes de unas movilizaciones que acabaron en 2011 con los regímenes del tunecino Zine el Abidine ben Alí y el egipcio Hosni Mubarak.

En África subsahariana, el uso de las redes sociales como instrumentos de movilización ha sido determinante en Senegal, país donde blogueros, jóvenes y urbanos en su mayoría, se organizaron para evitar que un pucherazo impidiera la elección de Macky Sall en 2012. También se utilizaron en las elecciones de Nigeria y Ghana, y en las protestas de Yibuti, Sudán, Angola y Mozambique, entre otros países.

Pero las redes sociales no están solo al servicio de la movilización. En Kenia, el desarrollo de una plataforma, Ushahidi, después exportada a otros países, como Costa de Marfil e incluso a Colombia, permitió a los keniatas conocer en detalle, en un mapa que se podía consultar en Internet, los lugares donde se producían persecuciones o matanzas entre los seguidores del presidente Mwai Kibaki y el opositor Raila Odinga, tras las elecciones de 2007. En Nigeria, Sahara Reporters y Battabox son plataformas que permiten la denuncia de los ciudadanos ante las ineficiencias de las autoridades y los abusos de la administración.

Por medio de las redes sociales, los africanos se conectan, por tanto, con el exterior, se socializan, como en todas partes, y buscan mejorar sus condiciones de vida y frenar los excesos de sus dirigentes. Uno de los pilares de este desarrollo de las redes ha sido la expansión de la telefonía móvil, que facilita el acceso a Internet, aunque África todavía presenta el peor indicador del mundo y gran parte de los teléfonos no son smartphones.

Los africanos han contribuido a esa “explosión” de la telefonía móvil y de Internet con iniciativas empresariales y de aplicación de la tecnología a usos de la vida cotidiana, como el pago por móvil y la información de los precios de los productos agrícolas, de gran utilidad para unos campesinos en manos de los intermediarios.

El auge de Internet

Es incuestionable que el uso de Internet en África es, todavía, minoritario. La media mundial de penetración de Internet, es decir, el número de usuarios de la red por cada 100 habitantes, era del 34,6 por cien en los últimos datos de junio de 2012 del Internet World Stats, lo que implica que uno de cada tres habitantes del mundo se conecta a la red de redes. Pero la distribución de este porcentaje es irregular. En África, la tasa de penetración era del 15,6 por cien, la más baja del planeta por regiones. Mientras que 15 de cada 100 habitantes del mundo son africanos, solo siete de cada 100 usuarios de Internet vive en el continente negro.

Las cifras evidencian una debilidad en África. Sin embargo, la foto fija descuida cuestiones importantes. La primera es la evolución. En poco más de una década, de 2000 a 2012, el uso de Internet en el continente ha aumentado un 3.606,7 por cien, según los mismos datos, lo que hace que sea la región en la que más ha crecido el número de internautas. Los 4,5 millones de usuarios africanos que había en 2000 se han convertido en más de160 millones. Basta con imaginar una ciudad mediana que en 2000 tenía200.000 habitantes y en poco más de una década se convierte en una megalópolis de 48 millones. Esto es lo que ha ocurrido con los usuarios de Internet en Nigeria, el país con más internautas del continente (el 28,9 por cien) y con una de las tasas de penetración más elevadas (el 28,4 por cien).

Otra cuestión es la tradición del uso colectivo de los medios en buena parte de África. Ocurrió con la televisión y ha ocurrido con los teléfonos móviles, que en lugares remotos se han convertido (casi) en teléfonos públicos. Es muy difícil afirmar que en el continente una conexión supone un internauta. La falta de equipamientos inicial hizo emerger puntos de acceso a Internet públicos, ya fuesen locutorios (reconvertidos en cibercafés) o centros educativos. Cheikh Fall, un ciberactivista senegalés que defiende la utilidad social de las herramientas digitales por todo el mundo, plantea Internet como una puerta de acceso: “El impacto de Internet es mayor que el número de usuarios porque los contenidos a los que accedemos se multiplican cuando los comentamos con amigos y compañeros”.

En este momento, ante la falta de equipamientos e infraestructuras, Internet móvil aparece como la solución para Internet en África. El sistema ofrece ventajas para los proveedores, un servicio más barato que las infraestructuras de Internet con cables; y para los usuarios, los equipamientos necesarios son también más baratos. Las operadoras de telefonía han entrado en una competencia feroz en el continente, lo que hace que la evolución sea rápida y el servicio, aún a precios prohibitivos en muchos lugares, se abarate.

La revolución del móvil

En África se habla de la revolución del móvil. En efecto, hace unos15 años, cuando el móvil comienza a popularizarse en medio mundo porque los aparatos se abaratan y la competencia entre las empresas de telefonía provoca una bajada de las tarifas, África se queda una vez más al margen. En 1998, tan solo había cuatro millones de móviles. África parecía un mercado insignificante, sin capacidad de incorporarse a un nuevo desafío, el de la expansión de las TIC. No obstante, en 2013 ya había unos 700 millones de móviles, con un crecimiento del 20 por cien anual en los últimos cinco años, el más elevado en una región mundial.

¿Qué había pasado? Pues que muchas compañías se adaptaron a un mercado con consumidores sin muchos recursos económicos. Y promocionaron para esa amplia franja de la población la telefonía de prepago, con teléfonos sencillos y baratos. Por eso, en África el 95 por cien de los teléfonos no son smartphone, y en su mayoría son de tarjeta.

Alrededor de la telefonía se genera una gran actividad económica, con miles de personas que viven gracias a la venta ambulante de tarjetas de teléfono. Están en todas partes, en las grandes ciudades, como Dakary Nairobi, pero también en las aldeas más apartadas, en Guinea, Uganda, Liberia, por poner ejemplos. Y el campesino que antes vivía al margen, en su aldea del bosque, ahora puede hablar con sus familiares en la ciudad. Y viceversa, las personas que viven en el suburbio pueden hablar con sus familiares en la brousse, en el campo.

El producto, el teléfono y la tarjeta llega al consumidor, esté donde esté. Y la popularización del móvil permite a los africanos conectarse con el mundo, sin pasar por la telefonía fija. Los datos son contundentes: en África tan solo existen 12 millones de líneas de teléfono fijo, y la mayoría se encuentran en Suráfrica. Las empresas de telefonía, estatales en gran parte hasta las reformas económicas de los años noventa, eran ineficientes, atrasadas tecnológicamente y sin capacidad de respuesta aun a creciente demanda. Si en las ciudades africanas obtener una línea de teléfono era una odisea, en las zonas rurales era imposible: las empresas no estaban dispuestas a asumir unas cuantiosas inversiones para hacer llegar el teléfono a una población empobrecida.

El teléfono, sea en su versión más sencilla del campesino o el más sofisticado iPhone o Samsung Galaxy de las élites urbanas, permite la socialización, indispensable en una sociedad que tiene en la palabra y en las relaciones personales valores fundamentales. Mediante el teléfono, el africano contacta con los familiares de la diáspora, y se informan mutuamente de los últimos acontecimientos de Dakar y de su aldea en Casamance. O también puede pagar pequeñas cantidades de dinero. Una aplicación muy útil en países donde las oficinas bancarias son escasas.

Empresas africanas

Una de las grandes fortunas africanas, el sudanés Mohamed Ibrahim, más conocido como Mo Ibrahim, es producto de la telefonía. Ahora mantiene su patrimonio y se dedica a la filantropía, con la concesión anual de un premio a la buena gestión y a la elaboración de una lista de los países africanos mejor gestionados. En la última edición, isla Mauricio está situada en primer lugar.

Ibrahim fundó la empresa Celtel, después vendida a una compañía kuwaití, Zain, que finalmente fue a parar a manos de Airtel, multinacional india muy implantada en el continente. Ibrahim se desprendió de su negocio de telefonía. No obstante, hay una fuerte presencia de africanos en este negocio. La operadora con más abonados en África, con 105 millones, es la surafricana MTN. La compañía traspasa los límites del continente para incursionar en los mercados de Irán, Afganistán, Yemen, Siria y Chipre. Su entrada en Irán fue criticada por algunos sectores de la sociedad estadounidense.

Otra empresa surafricana, Telkom, en la cual el Estado todavía posee una fuerte participación, mantiene una alianza con Vodafone para formar Vodacom, una marca propia en Suráfrica y países de África austral como Mozambique y Tanzania.

La nigeriana Globalcom es la cuarta firma en número de abonados, tras MTN, Vodafone y Airtel. Globalcom se beneficia de un vasto mercado interno, pero muy liberalizado porque compite con más de 10 operadoras. Da servicio a unos 25 millones de abonados en Nigeria, Benín y Ghana.

A un mercado en expansión han llegado también Etisalat, de Emiratos Árabes Unidos, con implantación en África occidental, y la angoleña Unitel, fruto de la asociación entre Portugal Telecom, la empresa estatal de petróleos Sonangol, Vidatel y la participación de Isabel dos Santos, lahija del presidente de Angola, Eduardo dos Santos.

La cara faraónica de las TIC

El impulso a las TIC es un prisma con muchas caras. Desde usos recreativos hasta usos sociales, o desde el marketing empresarial, hasta el sector productivo de la tecnología y la innovación. En este último caso, hay una fiebre extendida por el continente, se trata de las ciudades tecnológicas. Varios países africanos han conseguido establecer acuerdos con la iniciativa privada para construir polos de atracción de la innovación tecnológica en forma de proyectos faraónicos.

El Konza Techno City o Silicon Savannah es el más popular y se desarrolla en Kenia. Las cifras oficiales del proyecto señalan que cuando esté completado, en 2030, habrá creado 200.000 puestos de trabajo en el sector de las TIC. En un plazo más corto, una de las responsables, Catherine Adeya, avanza que al final de la primera fase, en 2017, se habrán creado17.000 empleos. La Konza Techno City del proyecto inicial sería una ciudad de 2.000 hectáreas que plantea algunas dudas en su desarrollo. Los responsables afirman que hay, al menos, 15 empresas comprometidas, entre locales e internacionales, y que muchas otras están a la espera.

La Hope City (Ciudad de la Esperanza) es una iniciativa algo más modesta que se desarrolla cerca de Accra, en Ghana. El proyecto, presentado por el presidente del país, John Dramani Mahama, a principios de año e impulsado por el magnate de la comunicación ghanés Roland Agambire, pretende generar 50.000 empleos cuando en 2016 esté terminado. Agambire mira al modelo de China para hacer de la innovación tecnológica un motor de desarrollo. Como en otros casos se busca atraer a las empresas tecnológicas más punteras del mundo y combinar estos esfuerzos con los de emprendedores locales. Los impulsores anuncian que cuentan con socios como Microsoft para instalarse en la futura Ciudad de la Esperanza.

El tercero de los proyectos faraónicos de tecno ciudades es Ethio ICT Village, situado en las afueras de Addis Abeba, la capital etíope. En este caso, es una iniciativa impulsada por el Estado. Se prevé un tiempode ejecución de tres años y a pesar de ello, los responsables del EthioICT Village afirman que ya hay 12 empresas nacionales e internacionalesque han reservado espacios en la ciudad del futuro para laboratorios,centros de investigación y otras instalaciones.

El caldo de cultivo para los emprendedores

Más allá de macroproyectos y de cifras de negocio de las multinacionales, el sector de las TIC se ha convertido en un caldo de cultivo propicio para los emprendedores africanos. Las grandes empresas están dispuestas a invertir y eso anima a los jóvenes con ideas e iniciativas. El sector de las TIC aparece como uno de los más pujantes porque en él coinciden las voluntades de las organizaciones internacionales de que África no pierda el tren de la revolución digital, con los deseos del mercado que ve en el continente negro un nuevo pastel.

Por ejemplo, en Kenia, el sector de la tecnología representa el cinco por cien del PIB y el gobierno aspira a colocarlo en el 35 por cien. La voluntad de crecimiento y de convertirse en referentes internacionales yen polos de atracción regionales se repite en otros países africanos. En2012 el African Development Bank Group ya previó revisar su estrategia en materia de inversiones en TIC teniendo en cuenta la firmeza del sector y su rápida evolución. Esta institución financiera consideraba que se trataba de un sector “de desarrollo dinámico y vibrante”, aunque sus esfuerzos se orientaban fundamentalmente a mejorar las infraestructuras.

Durante los últimos años han ido apareciendo viveros de empresas de innovación tecnológica, a menudo fruto de iniciativas personales o de pequeños colectivos, convencidos de la necesidad de generar un modelo de desarrollo de las TIC adaptado a las necesidades africanas. Los llamados Tech Hubs tejen una red informal que cubre la mayor parte del continente, de Dakar a Antananarivo y de Ciudad del Cabo a Nairobi, pasando por Lusaka, Kampala, Lagos o Monrovia y así hasta medio centenar de centros de innovación más o menos modestos.

Las actividades en estos escenarios, y fuera de ellos, van desde el diseño de aplicaciones para móviles a la medida de los usuarios más próximos hasta la creación de hardware adaptado al entorno africano, sin obviar las empresas (o microempresas) de desarrollo web y las consultoras de soluciones tecnológicas. Uno de los ejemplos más exitosos del modelo es el iHub de Nairobi, que alberga 150 compañías y está avalado por firmas como Intel, Samsung, Google, Microsoft o Nokia. En el iHub, se ha desarrollado la primera supercomputadora africana, con el apoyo de Intel y Google; o se ha diseñado el BRCK, un módem ultrarresistente llamado a imponerse en lugares con fluido eléctrico y red telefónica inestables. Estas iniciativas conviven con las del número creciente de blogueros que consigue un dinero extra con la publicidad en sus bitácoras, las de aquellos geeks (frikis) que completan sus salarios con canales en YouTube, o las legiones de communities manager que venden conceptos como e-reputación. No se puede decir que las posibilidades de conseguir dinero en el sector de las TIC sean ilimitadas, pero sí que son, cuando menos, numerosas, abiertas y flexibles.

Las TIC como instrumento de la sociedad

Más allá de las iniciativas comerciales, las TIC han abierto una enorme cantidad de puertas en lo que podrían considerarse usos sociales al margen de la utilización lúdica, enfoques sin una voluntad de generación de ingresos que pueden ir desde la educación hasta la participación social y política. En este último sentido, los proyectos van salpicando el mapa de África, así que resulta imposible hacer un recorrido exhaustivo a través de estas propuestas. Quizá el punto de inflexión del uso de las TIC y, más concretamente, de las redes sociales y las herramientas de la web 2.0 con una voluntad de transformar la sociedad se produjo en 2007en Kenia. Unas controvertidas elecciones presidenciales desencadenaron una ola de violencia. Como respuesta al caos surgió Ushahidi, una plataforma que pretendía dotar a la sociedad civil de una herramienta para ganar protagonismo en un proceso al que, a priori, solo había sido invitada como víctima propiciatoria. Ushahidi permite geolocalizar los acontecimientos que se desee y ofrece a los ciudadanos anónimos una posibilidad de vigilancia y denuncia como nunca antes habían tenido. Esta herramienta ha sido empleada después para fiscalizar otras elecciones, pero también para dar una respuesta a desastres naturales, como sistema de alerta temprana en todo tipo de incidentes o incluso para evidenciarlas posibilidades de someterse a las pruebas del VIH. Ushahidise ha empleado en un momento u otro en los cinco continentes.

En todo caso, las ocasiones en que los ciudadanos han puesto las redes sociales y las herramientas de la web 2.0 al servicio de la participación social o política, se han ido multiplicando. Nos encontramos con otras reacciones ante la violencia electoral o con la construcción de espacios de debate cuando parece que la crispación ha roto todos los puentes, como en el caso de Costa de Marfil en 2010; con elaboradas campañas para garantizar la transparencia de las elecciones como en Senegal y en Ghana en 2012; o con estrategias de disidencia cuando los poderes dificultan otras vías, como en el caso de Central 7311 en Angola o de Baba Jukwa en Zimbabue.

Es así como las redes sociales se han convertido en un canal, limitado por la todavía débil penetración de Internet en el continente, pero con lógicas propias y en algunos casos muy poderosas. Lo que se conoce como viralidad puede hacer que un personaje o un movimiento alcance cotas de popularidad insospechadas y en los casos de usos sociales esos supone un potencial transformador desconocido.

Jukwa, una especie de WikiLeaks zimbabuense que opera en Facebook, consiguió que el controvertido presidente Robert Mugabe ofreciese una recompensa por su identidad real cuando a las puertas de las elecciones presidenciales de este año atrajo hasta su fanpage de la red social a 300.000 seguidores, en su mayoría compatriotas. Delestron, un superhéroe surgido de la rabieta de un publicista marfileño ante los repetitivos cortes de electricidad en Abiyán, consiguió en poco más de un mes 3.500 seguidores, aparecer en la mayoría de medios internacionales de habla francesa y federar a los twitteros de varios países de África occidental en torno a este problema que les une. Después de visitar los platós de las televisiones francesas, Delestron se ha hecho adulto y acaba de publicar el primer libro con sus historietas.

Estos usos sociales tienen sus propias evoluciones. Aquel espacio de debate en un momento crítico de la historia de Costa de Marfil se ha convertido en una plataforma cívica que se despliega en direcciones diversas. Lo mismo alzan la voz ante un accidente en un estadio de fútbol de Abiyán durante la Nochevieja de 2012 que costó la vida al menos a 60personas, que se organizan para poner en marcha un servicio de información sobre el tráfico absolutamente alternativo y popular. En el primer caso, las autoridades se vieron tan “molestadas” por las exigencias y la movilización de los twitteros que dos de los más implicados pasaron temporalmente por comisaría.

Otro caso evidente de evolución es el de Senegal. Durante las presidenciales de 2012 varias plataformas coincidieron en usar las redes sociales para convertirse en “centinelas de la democracia”. Después del reto electoral, los ciberactivistas de Sunu2012 se convirtieron en SunuCause, una plataforma para la solidaridad ciudadana directa, sin instituciones ni organizaciones. SunuCause mostró su capacidad de movilización durante las inundaciones que sufrió el país y, sobre todo, Dakar, en agosto de 2012. La última de las acciones de este colectivo ha sido la denuncia de unas irregularidades en el suministro de agua en la capital. Los internautas no pudieron cumplir sus amenazas de movilizaciones porque el problema, comenzó a solucionarse antes. Eso sí, su iniciativa y, por tanto, el problema se hizo un hueco en la mayoría de los medios internacionales francófonos.

Podéis leer la publicación original en la web de la revista

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