Música y política en la compleja realidad de Mali

Que la música es algo más que una “simple” manifestación artística es una convicción que diferentes tipos de melómanos tratan de transmitir de las maneras más diversas. Pero cuando se intenta proyectar una idea compleja como esta, lo más difícil es encontrar el ejemplo que lo muestre de una manera que no admita discusión. Andy Morgan ha encontrado ese ejemplo en Mali y ha generado una especie de carretera de doble dirección: el ejemplo de Mali ayuda a entender la importancia de la cultura y, más concretamente, de la música; y el papel de la música ayuda a entender la realidad de Mali, la compleja comunión de tradición y modernidad, de sociedad y política, de fuerzas integradoras y desintegradores, de estados y globalización.

Portada del libro.

Portada del libro.

El ejercicio de Morgan lleva por título Music, culture and conflict in Mali, tiene forma de libro y es tan arriesgado y controvertido como interesante. Mezclar música y política, para que una explique la otra y viceversa, se presenta como una temeridad, que sin embargo, en el caso de Mali parece tener toda la razón de ser. Morgan asegura que sin la música Mali no sería Mali, y para ello cuenta con la complicidad de algunos de los artistas del país del África Occidental más conocidos internacionalmente. Y su reflexión, su investigación y sus conclusiones, en este sentido, cobra todo el sentido cuando se realizan con el telón de fondo de la prohibición contra la música que los grupos islamistas radicales impusieron en los territorios que controlaban en un momento del conflicto en Mali. En este sentido, por ejemplo, se puede leer un análisis de la voluntad de los impulsores de esta medida en términos de “alienación”. El rapero Amkoullel plantea: “Cuando se destruyen todas las referencias de un pueblo, la memoria que se conserva en los museos, los monumentos, la cultura y la música, es como si ese pueblo ya no tuviese un pasado y es entonces cuando se puede reemplazar lo que se ha tenido por lo se está proponiendo”.

Y quizá en esta frase de Amkoullel, como en muchas otras de los artistas que aparecen en el libro, se encuentren algunas de las explicaciones del arraigo que la música tiene en Mali. Paradójicamente, un elemento de peso es que Mali ni guarda su memoria y su historia (o, al menos, no exclusivamente) en los contenedores físicos. La memoria, la historia de Mali está en gran medida escrita en las narraciones o en las canciones tradicionales y se ha transmitido de manera oral durante siglos. Y esta es otra de las circunstancias que se hace absolutamente insalvable desde el momento en el que se pide a los propios artistas su opinión, como hace Morgan. Muchos de ellos, se saben herederos de una u otra manera de la tradición de los griot y los djeli, de la narración y la transmisión oral, de eso que nunca nos hemos atrevido a calificar categóricamente ni de literatura oral ni de oralatura. Y es curioso, pero parece que la referencia más sencilla es la más habitual. Morgan, se refiere a la epopeya de Soundjata, como uno de los ejemplos incontestables de cómo la historia se ha transmitido durante ocho siglos, pero también de cómo la música y la literatura (lease, literatura oral) han ayudado a conservarla.

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

Andy Morgan. Fuente: web del autor http://www.andymorganwrites.com

El autor de Music, culture and conflict in Mali, Andy Morgan es en la actualidad escritor y periodista y colabora con diversos medios, fundamentalmente, británicos. Sin embargo, en su pasado hay una etapa como organizador de eventos y mánager de grupos. Es precisamente esa época en la que destacan hitos como la colaboración en la organización del Festival au Désert o la estrecha relación con Tinariwen, seguramente el grupo de música tuareg más conocido. Esas relaciones son las que marcan la relación de Morgan con la música del país del África Occidental y, al mismo tiempo, le ha permitido el contacto y la colaboración con una amplia y representativa lista de artistas que aportan sus visiones en este volumen.

Quizá la perspectiva inicial del trabajo de Morgan esté excesivamente ligado a la actualidad, pero lo cierto es que ese intento de poner un freno a la música en Mali es sólo la excusa para que la reflexión vuele mucho más allá. De hecho, a pesar de la amenaza de caer en un cierto tono derrotista, la investigación de Morgan es en realidad un canto a la esperanza. “Sin música, Mali moriría”, dice, pero lo cierto es que sigue habiendo música, así que el mensaje parece ser realmente un mensaje de vida.

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Para más información:

Cuenta Facebook del libro.

Perfil de Twitter del autor.

Un fragmento del libro (en inglés).

Nota: Esta entrada fue publicada orginalmente en la sección de Letras Africanas de Wiriko.org

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