Bitácora de un documental (XXX): El bautizo de la criatura

Este es un post importante, al menos para nosotros. Quizá pueda parecer simbólico, pero hasta ahora todo el mundo (casi todo, por lo menos) ha llamado a este proyecto Documental en Oussouye que no deja de ser algo así como un nombre genérico. Sin embargo, esta iniciativa, en la que los miembros del equipo han depositado tantas ilusiones y esfuerzos y vosotros tanta atención y cariño, ya tiene su propio nombre. Ha costado, pero simplemente porque el proceso de elección del nombre (en este caso el título) ha sido tan concienzudo y democrático como todo en este proyecto. Y antes de desvelar la incógnita… os explicaremos un poco ese proceso. Sí, ya lo sabéis, siempre estamos ansiosos por compartirlo todo con vosotros, es lo mínimo que os debemos por vuestro apoyo.

Imagen robada durante el rodaje del documental en el que todo, todo se debate. Foto: C.B.E.

Imagen robada durante el rodaje del documental en el que todo, todo se debate. Foto: C.B.E.

Para empezar hay que hablar de la decisión del “bautizo” en sí misma, porque ha sido una de esas cuestiones que ha puesto a los miembros del equipo constantemente en torno a una mesa para debatir. Como de costumbre había opiniones para todo. Xavi, el cerebro de todo esto, representaba uno de los extremos. Él consideraba que el título tenía que ser el adecuado y para eso era necesario tener absolutamente toda la información y permitir que el proceso estuviese mucho más maduro. No se trataba de precipitarse. Carlos estaba en el otro extremo. Creía que era importante que el proyecto tuviese un nombre con el que se identificase fácilmente. Él defendía que para enganchar con todos vosotros era necesario que pudieseis citarlo, referiros a él de una manera concreta, que algo sin nombre acaba cansando. El resto del equipo estaba entre esas dos posiciones. Al final, se impuso la sensatez y mira tú por dónde que Carlos estaba equivocado, que vosotros no necesitabais ponerle nombre a esta iniciativa, que os bastaba con saber qué estaba ocurriendo y que nuestro proyecto era serio y estaba lleno de ilusión. De todo se aprende.

Así, el nombre, el que os desvelaremos dentro de unas pocas líneas, ha ido fluyendo con naturalidad. De alguna manera es como si hubiese estado creciendo dentro del propio documental hasta que ha estado completamente formado, ha roto el cascarón y se ha mostrado. Entre tanto, nosotros hemos intentado vislumbrarlo en varias ocasiones. Antes incluso del primer viaje de preparación, cuando se preparaban la campaña de crowdfunding, los miembros del equipo barajaron diversas posibilidades. Algunas tenían relación con proverbios africanos, pero la vinculación con la cultura diolá no terminaba de quedar del todo claro, por eso en esa primera fase parecía ganar fuerza algo así como “Senderos en el bosque”. Era sugerente y muy simbólico. El bosque, como bosque sagrado de la religión tradicional. Los senderos como los caminos diversos que se deben y se pueden recorrer en busca de la paz. Y cómo esos caminos se encontraban, precisamente, en el bosque. Estaba bien, pero le fallaba algo. No terminaba de funcionar. Era una simple intuición. Y la búsqueda quedó aparcada.

El tema del título era recurrente cada vez que había que sentarse en torno a una mesa para debatir asuntos diversos durante el viaje preparatorio. A medida que avanzaba se iban imponiendo algunas condiciones. Tenía que ser corto y nos gustaba una palabra o una expresión en diolá. Jordi, que es el que domina la lengua, nos planteaba opciones, relacionadas con la paz, con el diálogo, con la participación, con la cultura tradicional. Seguro que habéis asistido alguna vez a una discusión para elegir el nombre de un niño (o de una niña). Pues os podéis hacer un poco a la idea, valorábamos cómo sonaba en castellano o en catalán, las rimas, las deformaciones, las similitudes fonéticas. Todo para dar vueltas y vueltas sin atrevernos a tomar una decisión definitiva. Un proceso que se prolongó hasta el segundo viaje y en el que fue tomando fuerza, por ejemplo, “Ujamoral”, que significa algo así como sentarse en torno a una mesa. Pero tampoco tenía lo que queríamos.

Ahora que el montaje toca a su fin no podíamos posponer más la decisión. Hemos mirado en el lugar en el que se incubaba el huevo y hemos visto que ya había eclosionado sin que nos diésemos cuenta, mientras nosotros estábamos preocupados por las cuestiones más técnicas. Así que aquí está. El documental se titulará… “Kásuumaay”. A los que sabéis algo de cultura diolá quizá os defraude en un primer momento, pero pensadlo bien. De hecho “Kásuumaay” fue una de las primeras opciones que barajamos cuando buscábamos una palabra diolá. Y también fue una de las primeras que descartamos. Ha sido algo así como el suplente que ha continuado entrenando sin descanso confiando en que el míster acabaría contando con él.

No hay Kásuumaay sin vino de palma. Foto: C.B.E.

No hay Kásuumaay sin vino de palma. Foto: C.B.E.

Todo lo que tiene que ver con la Casamance se llama Kásuumaay. En ese primer momento nos parecía la solución facilona. Demasiado manida. Demasiado previsible. Pero, ¿qué queréis que os digamos? A estas alturas y después de darle muchas vueltas, creemos que no hay una expresión mejor para nuestro proyecto. A veces pasan estas cosas, tomando una decisión muy concienzuda llegas a la misma conclusión que con la primera impresión. Sin embargo, para nosotros “Kásuumaay” no es un título superficial. No sólo es el saludo. “Kásuumaay” estrictamente significa “la paz”. “Kásuumaay” aparece hasta el infinito en cualquier conversación. “Kásuumaay” es el deseo que un diolá transmite sistemáticamente a su interlocutor. “Kásuumaay”, seguramente, es el anhelo más repetido de cualquier casamancés. Por eso mismo, “Kásuumaay” (la paz) es lo que el equipo del documental más comparte con las personas de las que tanto hemos aprendido. Y “Kásuumaay” es lo mejor que os podemos transmitir y desear a todos vosotros.

Así que, a partir de ahora, llamadlo “Kásuumaay”, sentid “Kásuumaay” y vivid “Kásuumaay”. Kásuumaay a todos vosotros.

Nota: Esta entrada fue publicada originalmente en el blog de Documental en Oussouye

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