Bitácora de un documental (XXVII): Imágenes en movimiento

Una muestra del trabajo de montaje.

Una muestra del trabajo de montaje.

En la pantalla empiezan a aparecer cosas, concretamente imágenes que se entrelazan entre sí. Las entrevistas que hemos hecho en Oussouye se van poniendo en orden, pero no ya sobre el papel, sino en el formato que tienen que tener cuando todo esté terminado. Es un paso, quizá no os parezca demasiado importante y para vosotros sea algo absolutamente obvio, pero para el equipo es una evolución considerable.

Volvimos a Barcelona con más de treinta horas de rodaje entre entrevistas, escenas de vida cotidiana, imágenes de recurso y todo lo que nos podía ayudar a contaros la historia que queríamos, la que os debe dar los elementos para juzgar por vosotros mismos cuál es el peso de las autoridades tradicionales en el reino de Oussouye, en medio del marco de una estructura de Estado como el senegalés, y si todo ese aparato de la cultura tradicional tiene o no la capacidad de poner su granito de arena en la construcción de la paz.

El mayor problema no es que esas más de treinta horas tengan que condensarse en 52 minutos, sino que además tienen que tener sentido y no dejar nada (importante) fuera. Nada importante. Ese es el quid de la cuestión. Por un segundo, esa tarea nos ha dado vértigo. No hemos sentido un poco como Sísifo montaña arriba y montaña abajo con la piedra. Si quitamos esta frase, después la echamos en falta en aquella explicación. Si omitimos este argumento, después no termina de entenderse ese comentario… y así nos hemos visto enfrentados a lo que en periodismo, a veces, recibe el tétrico calificativo de “matar a los hijos”. Quizá parezca excesivo y, seguramente, lo sea; pero lo cierto es  que resulta complicado ir troceando las entrevistas y deshaciéndose de fragmentos.

Una parte del equipo y algunos asesores de lujo como Ferran Iniesta, visionando imágenes de un montaje previo

Una parte del equipo y algunos asesores de lujo como Ferran Iniesta, visionando imágenes de un montaje previo

Está claro, por un lado, está la parte narrativa. Los responsables del guión del documental tienen que hacer un esfuerzo de abstracción para convertir todos los elementos con los que contamos en una especie de piezas con las que construir un gran puzle. La dificultad añadida es que no hay imagen de modelo que recrear. La segunda dificultad es la parte más sentimental. Cuando una persona se ha sentado delante de ti, se ha olvidado de que sobre tu hombro hay una cámara y te ha contado cosas que le han llenado los ojos de lágrimas; cuando has visto que tus protagonistas no te han dado argumentos sino que se han arrancado fragmentos de su interior para ponerlos al servicio de tu proyecto… entonces te resulta difícil escoger cuál vale y cuál no; cuál es más útil; cuál es más visual; cuál explica más…

A pesar de todo, os podemos avanzar que ya tenemos un montaje en bruto (muy en bruto); que hemos trabajado sobre él, para ir acercándonos al metraje que nos exige el documental; e, incluso, podemos confesar que ya tenemos algo muy parecido a la selección definitiva de la parte científica del documental. No pretendemos que os apiadéis de nosotros por el esfuerzo que nos ha supuesto esa selección. Lo que queremos es que os alegréis con nosotros porque hemos conseguido este primer objetivo parcial. ¡Esto va viento en popa!

Nota: Esta entrada fue publicada originalmente en el blog de Documental en Oussouye

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