Léonora Miano: Sin pelos en la lengua

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Hace prácticamente ocho años que Léonora Miano irrumpió en el sector literario en francés con fuerza. Muy rápido se hizo un hueco a un ritmo de más de un libro al año. Lejos de ser una niña mimada de la industria, Miano se ha hecho fuerte de la mano del público. Cuando en 2006 recibió el Prix Gouncourt des Lycéens por su novela Contours du jour qui vient se hizo evidente que su estilo resultaba atractivo. A partir de ahí, el tono de sus obras ha ido evolucionando, se ha ido modificando ligeramente de una manera natural hasta que la estabilidad alcanzada le ha permitido ser una voz crítica (aunque no por eso menos constructiva) de la sociedad francesa, en general, y más particularmente de la vida que viven los africanos en el hexágono.

Nacida en Camerún y residente en Francia desde 1991, a dónde se trasladó para estudiar, ese recorrido de Miano es quizá uno de los elementos más curiosos de su trayectoria. Eso, evidentemente, y el punto hasta el que ha llegado. Curiosamente, en 2011, su compatriota Eric Essono Tsimi, la consideraba en SlateAfrica una de las diez mejores escritoras africanas. En ese momento, decía de Miano que su estilo no era “lo bastante osado, colorido y vivo” y que “exhalaba en algunos momentos las recetas de escritura bien asimiladas”. Eso no le impedía reconocer que sus libros era bueno. Evidentemente, el público ya lo había dicho antes por él. En todo caso, es comprensible la reflexión de Tsimi, porque en 2011 aún no había aparecido la penúltima obra de Miano, Écrits pour la parole, que es de todo menos poco osada, ni en el estilo ni en el discurso.

La prosa de esta autora camerunesa tiene una relación muy directa con su propio recorrido vital, por ello una de las preocupaciones que se repiten una y otra vez en sus obras es todo el universo de sentimientos y sensaciones relacionadas con la diáspora, desde el propio hecho migratorio, hasta el riesgo de desarraigo o, directemente, la discriminación.

Siempre desde esa perspectiva, en las primeras novelas de Miano, la propia tierra africana tenía un mayor protagonismo y, en algunos casos, buena parte de los argumentos se desarrollaban en imaginarios países del continente negro. Por ejemplo, la escritora camerunesa inventó un lugar llamado Mboasu para su primera obra L’intérieur de la nuit y recuperó ese mismo país para hacer viajar a los protagonistas de Ces âmes chagrines. Sin embargo, la figura del inmigrante ha ido ganando protagonismo, teniendo en cuenta que ha estado presente desde el primer momento. El caso más evidente es el de Blues pour Elise una novela en la que la autora dibuja un panorama de la “Francia negra” a partir de las figuras de cuatro mujeres con experiencias amorosas bien diferentes.

Está obra ha sido una de las más aclamadas de la autora y realmente recoge la mayor parte de las constantes de su escritura, la diáspora, por un lado, y las historias cotidianas, por otro. Léonora Miano convierte en sencilla la complicada labor de construir personajes perfectamente reconocibles, amables, con los que se empatiza fácilmente. Y lo hace desde la sencillez de la complejidad, es decir, sin temer presentar hombres y, sobre todo, mujeres llenos de preocupaciones y de contradicciones, que no pretenden ser modelos de nada, más allá, de la vida real.

La experiencia de Blues pour Elise parece un ensayo, una preparación de la penúltima obra de Miano, Écrits pour la parole. En este libro aparecido en 2012 la autora rompe definitivamente con todo, se deshace por completo de todos los tapujos, tanto temáticos como estilísticos. Lo hace en la construcción de la estructura de la obra, pero también en el contenido. La posición de fuerza que le da haberse labrado un nombre en la literatura francófona, le permite criticar duramente a la sociedad francesa. Ella misma en algunas entrevistas ha confesado que escribió los textos que componen Écrits pour la parole como una reacción a un clima creciente de xenofobia y discriminación en un entorno que, a pesar de no haber sido nunca perfecto, mostraba una curiosidad por el otro y sentía aprecio por la cultura.

Reproducimos a continuación un fragmento de Écrits pour la parole que define perfectamente el espíritu de la obra y de la autora, mucho mejor que cualquiera de explicaciones que pudiésemos dar:

«Je ne veux plus qu’on m’aime Qu’on me sourie Qu’on m’invite au restaurant Qu’on me tienne la porte Qu’on m’offre des fleurs Je m’en fous Oui Je m’en fous Parfaitement Je ne veux plus qu’on m’aime Si je ne peux pas me loger travailler me réaliser arriver tout en haut Je ne veux plus qu’on m’aime si je ne suis pas dans les livres d’Histoire dans les livres tout court A la tête des institutions et de tout ce qui a une tête Je m’en fous qu’on me Courtise Qu’on me trouve sensuelle avec ma voix grave ma cambrure ma peau ambrée mes fesses rebondies ma peau d’ébène mon port de tête ma peau mes jolies tresses ma peau et tout le reste Qui n’est pas moi d’ailleurs mais c’est un autre débat Je ne veux plus qu’on trinque Qu’on se taille une bavette Qu’on se fasse une raclette Ni rien J’en ai soupé de la fraternité sans égalité Ce serait quoi la fraternité si ça ne marchait pas avec l’égalité Ce serait quoi la fraternité ce serait quoi à part une plaisanterie douteuse La fraternité si ça ne marchait pas avec l’égalité»

Nota: Esta entrada fue publicada orginalmente en la sección de Letras Africanas de Wiriko.org

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