Coraje, dignidad y orgullo. Vida en estado puro

Jordi Tomàs observa un vídeo en el Patrick Lambal explica desde Senegal porqué ha participado en el libro. Ambos firman El pescador que volia anar al país dels blancs.

Jordi Tomàs observa un vídeo en el Patrick Lambal explica desde Senegal porqué ha participado en el libro. Ambos firman El pescador que volia anar al país dels blancs.

El pescador que volia anar al país dels blancs es simplemente un ejercicio de vida. Una de las principales fortalezas del texto es que no tiene adornos, es simple, directo, en ocasiones casi descarnado. Es el tono más adecuado para la crudeza

Portada del libro

Portada del libro

de la historia que cuenta. Y, a pesar de todo, deja un agradable sabor de boca, una sensación de calma y serenidad que a priori no es lo que se espera. El secreto es la combinación perfecta entre la personalidad de su protagonista (y medioautor) Patrick Lambal y el tono escogido para la narración por el antropólogo (y también medioautor) Jordi Tomàs.

El libro es mucho más que una historia sobre migraciones, sobre todo, en lo que se refiere a todo lo que ha rodeado su creación. Jordi Tomàs es un antropólogo experto en la Casamance, una región del sur de Senegal, y más concretamente en los diolá huluf, posiblemente una de las personas que mejor conoce en el mundo las costumbres y los usos tradicionales del reino de Oussouye ubicado en aquella región senegalesa. Patrick Lambal es, precisamente, un pescador originario de Oussouye, un joven superviviente o como dice el propio Tomàs, un emprendedor. Patrick ha realizado tres veces el viaje en piragua desde las costas senegalesas hasta las islas Canarias y lo ha hecho como tripulante, lo que le convierte en una voz especialmente autorizada para hablar de estos viajes.

La historia de la producción de este libro resulta tan atractiva como sorprendente. Tomàs confiesa que los fenómenos migratorios nunca habían despertado especialmente su interés. Patrick, por su parte, tampoco tenía ninguna intención de contar su historia en un principio. Sin embargo, un día comenzó a hablar, sin siquiera preguntar a Jordi porqué quería conocerla. Simplemente empezó a hablar. Finalmente, el joven pescador descargó toda su experiencia y el antropólogo se encargó de darle forma, de convertir las horas de conversación en un relato coherente y atractivo. El último punto sorprendente es que a todos los efectos, los dos, son autores de esta obra, tanto en lo que se refiere a la cubierta del libro como en los resultados económicos. Ni Patrick había exigido este tratamiento, ni había nada que le exigiese a Jordi hacerlo y, sin embargo, el resultado es la más absoluta naturalidad.

El pescador que volia anar al país dels blancs narra, como ya se ha señalado, la experiencia de Patrick Lambal y sus peripecias por el océano Atlántico en busca de un lugar en el que poderse ganar la vida. El relato de Patrick es sereno, él no va tras el Eldorado, simplemente es un joven inquieto que pretende garantizarle a su padre una vejez plácida. La narración, en primera persona, ataca directamente la atención del lector fundamentalmente porque está planteado con la sencillez de una conversación cara a cara. Seguramente, en muchos momentos la persona que se encuentra ante las líneas de este libro tiene la sensación de estar en realidad ante el propio Patrick.

En la parte más literaria Jordi Tomàs ha tenido un trabajo fácil. Seguramente ha habido muchas complicaciones en su labor, partiendo de la responsabilidad que supone convertirse en la voz de un amigo; sin embargo, no podría negar que hay una cuestión en la que tenía el trabajo ya hecho. Normalmente en  un relato como este una de las principales preocupaciones es que el lector se pueda identificar con el protagonista. No se trata tanto de que se pueda sentir en su piel, básicamente porque pocos europeos podrán llegar a percibir como propio el impulso de hacerse al mar con todas las incertidumbres y con la seguridad de que hay muchas más posibilidades de fracasar que de triunfar. Se trata más bien de generar empatía y para eso, a Tomàs le ha bastado con transmitir al Patrick más real posible. El que habla con tranquilidad; el que es capaz de escapar de explicar una experiencia próxima a la muerte sin la menor intención de convertirla en un ejemplo de aventura; el que estremece por su calma, su fuerza y su serenidad; el que se niega a verse como un héroe y, en realidad, transmite a la perfección el orgullo de ser “clandestino”.

Así, Patrick, a través de la pluma de Jordi, va explicando cuestiones técnicas sobre los preparativos de un viaje en piragua o sobre navegación, pero también relata el ambiente que se vive en una piragua en la que más de cien personas se sobreponen al drama para buscar un sueño. Cuenta qué empuja a un joven a querer ir a Europa, pero también qué se siente cuando ese anhelo se frustra. Explica cómo se recupera la esperanza para volver a intentarlo y cómo se afronta una tormenta, simbólica y real. Habla de lo mejor y lo peor del ser humano, de la crueldad y de la solidaridad, de sentimientos, de sueños, de renuncias y de esperanzas. Y eso es lo que transmite, esperanza; esperanza y fuerza; esperanza y respeto; esperanza y admiración.

En una de las conversaciones que tuve el honor de mantener con Patrick Lambal, este joven pescador y clandestino orgulloso, me dijo sin ningún tipo de adorno, ni floritura, sin anestesia: “Dicen que por cada dos que ganan uno pierde. Quizá Dios haya decidido que yo pierda. No lo sé”. Jordi Tomàs en la presentación del libro que se realizó en Barcelona habló de Patrick y de tantos que como él se enfrentan a la adversidad como los verdades emprendedores del nuestra época. Y después de eso uno sólo tiene ganas de que Dios no haya decidido que gente como Patrick sea el perdedor. Seguramente nadie que haya leído este relato podrá volver a aceptar una connotación negativa a expresiones como “inmigrante ilegal”, “sin papeles” o tantas otras que a menudo se dicen destilando un desprecio que no hace sino cerrar los ojos a una auténtica lección de vida.

Tengo que reconocer que hay dos frases que he escuchado de los labios de Patrick y que me han estremecido, que me ponen los pelos de punta cada vez que las recuerdo. Una es: “Ganas o pierdes. Vives o mueres”. Dicha con una honestidad aplastante, sin dramatismos, con naturalidad. La otra es: “Yo soy clandestino. Estoy orgulloso de ser clandestino”. Eso es lo que transmite este libro, esperanza, valentía, coraje, dignidad y vitalidad, algunos de los rasgos de la humanidad más pura.

Portada del libro

El pescador que volia anar al país dels blancs

Jordi Tomàs y Patrick Lambal

Editorial Pòrtic, Barcelona, 2013, 150 pags.

Nota: Esta entrada fue publicada orginalmente en la sección de Letras Africanas de Wiriko.org

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