Bitácora de un documental (XX): Nunca llueve a gusto de todos

Una imagen de la lluvia en Oussouye

Una imagen de la lluvia en Oussouye

Estamos en el mes de noviembre, ya tendría que haber finalizado la época de lluvias, pero nos ha sorprendido una tormenta, posiblemente la última de la temporada, aunque esto nunca se puede afirmar con seguridad. En realidad, la sorpresa ha sido relativa, en julio ya vivimos la lluvias, casi todas. La diferencia de esta última no ha sido la manera de llover, sino el tiempo.

Como ocurre habitualmente, en el horizonte se anunciaba una nube negra y amenazadora. De repente se empieza a acercar. El viento anuncia la llegada del agua con tiempo suficiente para refugiarse. Esta es la teoría para los habitantes del lugar. Entre los tubabs (el nombre que reciben los blancos en todo Senegal) la cosa es un poco diferente. Tenemos la costumbre de forzar un poco más la situación. Cuando los oussouyeses empiezan a buscar un techo bajo el que ponerse a salvo, nosotros confiamos en que todavía tendremos un poco más de tiempo. Lo que ocurre es que al final nos vemos obligados a correr. Sin demasiadas advertencias el cielo descarga. Sí, seguramente esta es la mejor imagen. Descarga quiere decir que es como si se abriese sobre nosotros una piscina. Parece que no hay espacio para tantas gotas.

El caso es que en julio vivimos esta situación casi a diario, pero ahora era más improbable. Sin embargo, ha pasado. Una tarde llegó la lluvia, la que dura unos minutos, la que deja los caminos sin un alma y que provoca una pausa en la vida cotidiana. De la misma manera que llegó, se fue y con el final de la tormenta, las calles vuelven a animarse.

Tenemos que ser sinceros, para nosotros ha sido una buena noticia. La lluvia ha reducido el bochorno de los últimos días y nos ha permitido rodar una escena tan particular de la Casamance. De todas maneras, nuestras simpatías nos obligan a pensar en los agricultores, en lo que ha supuesto esta lluvia para el pueblo, más allá de nuestra postura egoísta de tener unas bonitas imágenes.

Los cacahuetes, que ya estaban plantados, pueden germinar con la humedad de la lluvia lo que dará al traste con la cosecha. El arroz, que estaba a punto de recogerse, se vuelve a hundir en el agua de los arrozales con el riesgo de que se pudra. El vino de palma se aguará, el problema en este caso no es sólo una cuestión de calidad, sino que este vino es la base de la mayor parte de las ofrendas en los altares tradicionales y nadie quiere ofrecer a los fetiches un vino de mala calidad.

Así que cuanto veáis el documental y os encontréis con unas preciosas imágenes de lluvia haced como nosotros y dedicad, al menos, unos segundo a pensar en las consecuencias negativas de esta maravilla de la naturaleza.

Nota: Esta entrada fue escrita originalmente para el blog del Proyecto de Documental en Oussouye

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