Bitácora de un documental (XVII): Bautizo de bunuk

El bunuk servido en el recipiente tradicional

El bunuk servido en el recipiente tradicional

Ya explicamos en la primera fase de ejecución del documental la importancia que tiene el arroz en la sociedad diolá. Hoy no podemos hacer otras cosa que señalar la trascendencia del bunuk, el vino de palma, y más teniendo en cuenta que acaba de comenzar la época de este licor y que ya se nos ha puesto delante de manera evidente.

El bunuk está presente en una buena parte de las celebraciones rituales de la religión tradicional, se convierte en una de las ofrendas más habituales a los diferentes altares y en la bebida social para estas citas.

Sin ir más lejos nos hemos encontrado, justo ahora, al principio de la temporada del bonuk con un ejemplo tremendamente ilustrativo. La última estación de lluvias, que teóricamente se ha terminado recientemente, ha sido especialmente dura. No sólo porque ha sido larga y las precipitaciones han sido cuantiosas que sería algo que en la región se agradece, sino porque se han producido episodios luctuosos relacionados con las tormentas, entre ellos la desgraciada muerte de varios niños. Resulta que una sacerdotisa de un altar vinculado a estos fenómenos, el kassila, había augurado estos incidentes. De hecho, estos y otras desgracias. Así que viendo que los sueños de la profetisa no iban del todo mal encaminados las poblaciones del reino de Oussouye han preferido curarse en salud y pedir la protección de este fetiche.

Reunidos por los barrios de los diferentes pueblos, los habitantes hacen una contribución, realmente poco exigente, apenas el equivalente al precio de dos bolsas de cacahuetes o menos de la mitad de una barra de pan. Con el dinero recaudado se compra lo que se ofrendará al altar, vino de palma y un gallo blanco (siguiendo el sueño premonitorio de la profetisa). Sin embargo, sólo una parte de ese vino irá a parar estrictamente a la ofrenda. El resto se consume en comunidad. Los contribuyentes se reúnen en torno a los recipientes de la bebida recién recolectada.

El equipo del documental ha tenido la suerte de vivir la mayor parte de todo este proceso. Hemos podido ver cómo se organizaba la colecta, como se discutía sobre las participaciones y cómo se depositaban en el vino que sería ofrendado las esperanzas de conjurar las desgracias. Evidentemente después hemos sido “obligados” (sin demasiada resistencia, por aquello de la cortesía) a compartir también los recipientes de bunuk con los habitantes del barrio en el que nos encontrábamos y para muchos este ha sido el “bautizo” de una de las bebidas más importantes en la cultura diolá.

Comentando la escena entre nosotros no nos hemos podido resistir a sacar algunas conclusiones y a hacer comparaciones. Por un lado, nos ha quedado claro el enorme componente de cohesión social de esta tradición, con centenares de personas reunidas en todo el reino en torno a recipientes de vino de palma hablando de lo humano y lo divino. Por otro lado, nos ha chocado el paralelismo con los ritos que perduran en nuestras latitudes como sacar a los santos y a las vírgenes en procesión para pedir lluvias o para “detener” incendios. Al fin y al cabo, hay cosas que están en la naturaleza humana, lo que cambian son poco más que las manifestaciones.

Nota: Esta entrada fue escrita originalmente para el blog del Proyecto de Documental en Oussouye

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