Bitácora de un documental (XIX): La duda del observador

El equipo rodando escenas del funeral

El equipo rodando escenas del funeral

El destino es caprichoso y nos ha permitido empezar las grabaciones del documental en unas condiciones que difícilmente habríamos conseguido planificándolas. El azar ha permitido que nos encontremos con una de las ceremonias más interesantes con las que podíamos encontrarnos y además en la situación más adecuada.

De repente, el equipo ha podido asistir al entierro de una anciana de religión tradicional, precisamente en un barrio en el que estaban muy habituados a nosotros, incluso, podríamos decir, en el que nos tienen aprecio. Eso ha permitido que nos hayamos podido mover con total libertad durante la ceremonia. Nadie nos ha puesto pegas a la hora de grabar y hemos podido asistir, incluso, al momento del “interrogatorio del difunto”, después de un baile de las mujeres del barrio en honor a la fallecida.

El cuerpo de la finada, convenientemente preparado y tapado, colocado sobre una camilla portada por cuatro hombres se presenta sucesivamente delante de familiares de la difunta, de vecinos o allegados que tienen una última oportunidad de plantearle algunas preguntas sobre episodios de su vida y sobre las condiciones de su muerte, únicamente, para asegurarse que la fallecida parte en paz hacia el más allá. La camilla se aproxima o se aleja de su interlocutor dependiendo de si la respuesta es positiva o negativa, delante de todos los asistentes.

En este caso, nuestra prueba de fuego de rodaje después de nuestro trabajo de preparación ha sido un absoluto éxito. No hemos tenido ningún problema y lo que es más importante no hemos supuesto ningún impedimento para que la ceremonia se celebrase con normalidad.

Jordi Tomàs que conoce perfectamente estos ritos y que los ha vivido en muchas otras ocasiones nos obligaba a plantearnos una cuestión de metodología con una visión antropológica. Habitualmente se dice que la presencia del observador modifica el resultado de la observación. Aplicado a este caso estaríamos hablando de que el hecho de que nosotros estuviésemos allí habría hecho que la celebración se celebrase de manera diferente. Eso nos preocupaba, porque habríamos estado rodando algo diferente a un verdadero funeral. Sin embargo, al terminar la ceremonia Jordi nos ha tranquilizado, seguramente hemos influido en algunas cosas, pero las modificaciones en el comportamiento de los asistentes ha sido mínimo. David lo comparaba con la teoría del gato de Schrödinger, rebautizada en su versión informal como el “gato de Oussouye”.

Los asistentes han vivido con naturalidad nuestra presencia y estamos casi seguros de que han se han percatado perfectamente que no queríamos molestar y que el momento nos despertaba un profundo respeto. Quizá por eso nos han acogido con una sencillez que ni siquiera nosotros esperábamos.

Nota: Esta entrada fue escrita originalmente para el blog del Proyecto de Documental en Oussouye

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