Fuelling poverty o la cultura militante

Carátula de la película. Fuente: dosier de prensa www.osiwa.org

Carátula de la película. Fuente: dosier de prensa http://www.osiwa.org

En enero de 2012 Nigeria vivió una sacudida social de grandes dimensiones. Movilizaciones, manifestaciones y todo tipo de acciones de protesta contra un gobierno, pero sobre todo contra una forma de hacer, contra una cultura política. En medio de este movimiento apareció Occupy Nigeria, una corriente cívica que bebía de la convulsa situación mundial, de la conciencia social que por un momento parecía despertar el espíritu ciudadano en los rincones más insospechados del mundo. Fuelling poverty es un documental de 30 minutos realizado por Ishaya Bako que explica esos hecho y lo hace con todos los elementos para ser considerada una iniciativa digna de admiración.

Por un lado, Bako ofrece una visión completa de lo ocurrido y demuestra que las manifestaciones de enero de 2012 no fueron simplemente un estallido momentáneo, sino la punta, la expresión de un descontento social creciente. El detonante no deja de ser significativo. El gobierno nigeriano eliminó un subsidio a los combustibles que hizo que los precios del carburante se disparasen, precisamente en uno de los mayores productores de petróleo del mundo. Bako representa de una manera explícita el descontento de ciudadanos con los políticos. La reproducción de los discursos retóricos en los que se dice que los nigerianos tienen que hacer un pequeño sacrificio, que las medidas no afectarán a los ciudadanos o que se trata de la única salida a una complicada situación financiera, sería digna de una película de humor si no fuese por las consecuencias dramáticas. Junto a estos cortes de sesiones parlamentarias y de comisiones políticas la voz de los nigerianos poniendo cifras a las consecuencias de la subida del combustible, las colas de coches en las gasolineras y los vendedores que dicen que tiene hambre porque todos, todos los productos se han encarecido. No es necesario un Nobel de economía, si aumenta el coste del transporte, aumenta el precio del producto.

Ante esta situación aparece una esfera cultural combativa y militante. Sin intentar colocarlos como punta de lanza o como vanguardia de la contestación es cierto que el hecho de que algunas de las figuras más importantes de la cultura de Nigeria den su voz a esta protesta le ofrece una mayor visibilidad. Ver a uno de los pocos premios Nobel de Literatura africanos, Wole Soyinka diciendo que Nigeria es uno de los países más pobres y más corruptos del mundo resulta estremecedor. Escuchar a Seun Kuti reprochando a los políticos que los nigerianos no tienen que hacer un pequeño sacrificio, porque “los nigerianos se sacrifican cada día” es extremadamente impactante. Ambos, junto a activistas y luchadores por los derechos cívicos, son la voz destacada del documental, la que apoya las voces de vendedores, de peluqueros o taxistas, las voces del pueblo que en enero de 2012 salió a las calles para protestar y sacrificó, al menos, a quince personas en esta protesta. En este sentido Fuelling poverty demuestra que la cultura es combativa, que el arte construye y transforma la sociedad.

Fuelling povery es además atractivo y rompe estereotipos. Sí, Ishaya Bako es nigeriano, como el resto del equipo. También lo son los autores de una animación que se inserta en el documental para explicar de manera sencilla y “divertida” (las comillas muestran las dudas de que sea la palabra más adecuada), el proceso de explotación del crudo en Nigeria. Más exactamente, el proceso de expoliación del crudo en Nigeria por parte de las compañías extranjeras, los bancos y también la clase política nigeriana. Y para contestar a los discursos políticos, la animación explica, también, las consecuencias de los diversos manejos en la población.

Bako se guarda para el final el golpe de efecto, el escándalo de fraude que rodeó a la propia comisión de debate sobre el subsidio y que no viene sino a confirmar los motivos de hastío y enfado de la sociedad nigeriana. Tras poco más de 30 minutos nos queda en la boca el sabor de la canción “Dem Bobo” de Femi Kuti hablando sobre derechos humanos y cambio democrático, una exigencia de una sociedad cansada de callar y de una esfera cultural dispuesta a implicarse.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en la sección de Artivismo de Wiriko.org

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s