Bitácora de un documental (XIV): Madres y madrinas del proyecto

¿De verdad habíais pensado que nos podíamos olvidar de las mujeres? No nos mueve ninguna voluntad de paridad, no pretendemos cubrir cuotas, ni ser equitativos en cuanto al género se refiere. Sin embargo, el papel de la mujer en la sociedad diolá es tan importante como complejo y apasionante. Así que, sí. Durante nuestra estancia en Oussouye también quisimos contactar con las mujeres. Sin ningún tipo de prejuicios, era evidente para nosotros que debíamos explicarles nuestro proyecto, recoger sus opiniones y sugerencias y contar con que su perspectiva quedase reflejada y su sensibilidad no se marginase. Por eso nos hemos puesto delante de los ojos escrutadores de las reinas, de las sacerdotisas, de las mujeres y de las madres, de todas ellas.

Un día, sentados junto a nuestro músico-príncipe, Roger Diabone, y destripando sus canciones para tratar de entender el sentido profundo, Jordi Tomàs le preguntó:

– ¿Las protagonistas de tus letras siempre tienen que ser mujeres?

Y es cierto, Roger siempre canta a las mujeres, a excepción de algunas canciones dedicadas a los reyes, claro. Entonces el artista esbozó una media sonrisa pícara y contestó con mucha sencillez:

– Sí. Tenemos que cantarles para que nos quieran.

Evidentemente el comentario despertó una ola de complicidad masculina que Roger coronó poniéndose serio y añadiendo categórico:

– Aquí las mujeres tienen mucha fuerza.

No se refería sólo a la física, que también, ni siquiera sólo a la mística. Se refería a la moral, a la autoridad, a esa energía invisible que hace que cuando alguien habla, el resto callen, y cuando termina de hablar, el resto acaten. Y para eso, como demuestran aquí las mujeres no es necesario ni poner cara de enfado, ni dar el puñetazo en la mesa que los hombres a menudo pensamos que sirve de solución definitiva.

En Oussouye nos contaron una historia reciente, nada de leyendas, acerca de un autobús que hace un tiempo quedó embarrancado en un lodazal en medio del pueblo. Nos explicaron que los hombres no lograron liberarlo, que los militares no consiguieron sacarlo de su trampa y que los tractores del ayuntamiento no tuvieron éxito en las labores de rescate. Cedieron entonces la batuta a las mujeres, nos relataban, como última solución. Las féminas se vistieron con sus trajes rituales y acudieron en bloque. Pidieron a todos que se alejasen del lugar, al parecer no querían desvelar sus ases en la manga. Al cabo de un rato, los cantos y los aplausos anunciaron que el autobús circulaba de nuevo. Ningún hombre sabe qué hicieron las mujeres y ninguno, tampoco, se ha afanado demasiado en descubrirlo. La explicación es la que daba Roger: “Aquí las mujeres tienen mucha fuerza”.

Con la tremenda dosis de respeto que nos despierta sentarnos delante de una mujer que con autoridad, no pusimos delante de las reinas, las esposas del rey. Les explicamos nuestro proyecto, nos escucharon pacientes y cuando terminamos simplemente nos dijeron que creían que lo que queríamos hacer, mostrar la experiencia de paz en Oussouye era bueno para pueblo, así que a partir de ahí, sin matices, podíamos contar con su apoyo. De la misma manera, nos colocamos delante de algunas representantes de las mujeres jefas de fetiche, sacerdotisas, autoridades religiosas tradicionales. La reacción fue muy similar: si es bueno para el pueblo, contad con nosotras, para lo que haga falta.

Quizá a algún amigo le haya chocado que hayamos titulado esta entrada como “madres y madrinas”. Quizá, incluso, alguien considere que es un prejuicio ver a las mujeres como madres. No nos toméis por reduccionistas. Sin embargo, no podemos olvidar un encuentro con una mujer en un comercio de Oussouye. Pongamos que era una mujer anónima, aunque en realidad no lo era; pongamos que tampoco damos muchos más datos para no despistar, aunque en realidad no lo hacemos por respeto. El caso es que hablábamos con ella sobre nuestras intenciones. Le decíamos que queríamos hablar de la paz, pero de la paz activa, de la que se construye con acciones y esfuerzos, no de la que se espera sentado. Curiosamente su actitud fue muy similar a la de las otras mujeres de las que hemos hablado y terminó dándonos una explicación que no ha dejado de resonar en nuestras cabezas.

– Sí, nosotras hacemos cosas por la paz -, nos dijo enfatizando en el nosotras el orgullo femenino -. Tenemos iniciativas.

Seguramente no cumplimos sus expectativas al quedarnos callados escuchando un poco pasmados, así que nos dio un empujón continuando:

– ¿Sabéis por qué lo hacemos? Porque son nuestros hijos los que sufren.

Nada más que decir. Si tuviese sombrero me lo quitaría para hacer una reverencia a la sabiduría, la sensatez y la sensibilidad. Gracias.

Nota: Esta entrada fue escrita originalmente para el blog del Proyecto de Documental en Oussouye

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s