¿Quién dijo África? 3: Twitter al rescate

Sucede que a menudo las personas interesadas por lo que ocurre en África se encuentran huérfanos. Huérfanos de las noticias, sobre todo, de las que no son negativas; pero también huérfanos de las voces de sus protagonistas. Resulta que en el periodismo local (por llamarlo de alguna manera) hace ya tiempo que se impuso la certeza de que los ciudadanos prefieren escuchar voces con las que se puedan sentir identificados, que es más atractiva y más agradable la opinión del protagonista anónimo de una historia, de un individuo de a pie que la nota de prensa de un partido político e, incluso, que vale más la pena explicar una historia de personas “reales” que ayudar a amplificar el mensaje de instituciones que tienen a su alcance todas las herramientas para hacerse oír. Esta es la perspectiva del periodismo, no necesariamente de los medios, que demasiado a menudo funcionan en términos de productividad, optimización (léase reducción o eliminación) de los recursos y rentabilidad.

Curiosamente en términos de actualidad africana parece que estamos condenados a conformarnos con que aparezca el nombre del continente. Acostumbrados a la invisibilidad, un rayo de luz debe colmar nuestras aspiraciones, así que el espacio para las exigencias de información con criterios constructivos o que satisfagan las pretensiones de los ciudadanos queda desplazado. Vendría a ser algo así como: “Pero, ¿no te quejabas de que no aparecían noticias sobre África? Pues ya está. Ya tienes una noticia sobre África. ¿De qué te quejas ahora?”.

Antoni Castel lo ha repetido hasta la saciedad: “La información de las crisis humanas sirve para despertar a los dirigentes occidentales, que desde el fin de la guerra fría parecen poco preocupados por lo que ocurre en África. Empero, las imágenes que se regodean en la miseria y destacan la intervención de las agencias humanitarias y las ONG consolidan el imaginario: los africanos son míseros, pasivos, incapaces de superarse y dependientes de una ayuda que siempre, según la televisión global, llega de un Norte benefactor”. Tan poca personalidad tiene los africanos que ni siquiera vale la pena escucharles, mucho mejor que hablen “nuestros” cooperantes o “nuestros” diplomáticos; o hasta que opinen “nuestros” opinadores, incluso los que nunca han pisado el continente.

No es la intención ahondar más en la imagen de África transmitida por los medios. Los africanistas llevan tantos años denunciado está dinámica pervertida que no es de extrañar que el discurso suene a ya escuchado, aunque no se hayan modificado las actitudes criticadas. En 2011, Casa África editó una interesante publicación en la que eran once periodistas africanos los que reflexionaban sobre la imagen que dan los medios occidentales sobre el continente. Más allá del contenido de la publicación de la que hablaremos en otra ocasión, nos quedamos de manera muy superficial con el título que ya es suficientemente sugerente: “Si hablas de nosotros…”. Los puntos suspensivos se pueden rellenar al gusto con un “conócenos”, un “escúchanos” o un “pregúntanos”, sólo por lanzar algunas propuestas.

Ni las críticas, ni las denuncias, ni las reflexiones, ni las evidencias han cambiado el panorama, así que no queda más remedio que, por ir contracorriente, buscar alternativas. Y ante esa necesidad se nos ponen delante las redes sociales, que sin papel, sin grandes infraestructuras, sin la necesidad de poderosos grupos mediáticos y de inasumibles inversiones traen hasta nuestras pantallas, quizá no todo lo que necesitamos, pero sí, al menos, algo que se le parece mucho: todas las informaciones sobre África que queramos, hechas sobre el terreno y hablando sobre los ciudadanos anónimos y sus vidas.

A modo de ejemplo se pueden citar dos situaciones, una de aquellas negativas que sí que son del gusto de los medios, la última crisis en Guinea Bissau; la otra mucho más constructiva, las elecciones presidenciales en Senegal y el proceso de participación ciudadana que han generado.

En el caso bissauguineano, los medios convencionales españoles apenas han publicado informaciones y cuando lo han hecho a menudo ha sido sin la suficiente continuidad para que el lector se haga una idea real de cuál es la realidad. Entre las coberturas parciales e incompletas se pueden encontrar algunas excepciones como las del periodista canario José Naranjo que se encontraba en Senegal en el momento del golpe y se desplazó a Bissau para informar para El Mundo sobre la crisis o la solución alternativa adoptada por La Vanguardia convirtiendo en “corresponsal de urgencia” a un “empresario catalán que viaja a menudo a Guinea Bissau por negocios” a través de la socorrida sección “Testimonio del lector”. En Twitter, sin embargo, diferentes hashtags (etiquetas) han permitido hacer un seguimiento de la evolución de los sucesos desde una perspectiva mucho más próxima. Realizando búsquedas como #GuineaBissau, #Bissau, o #GuineeBissau, por ejemplo, el usuario de la plataforma de microblogging podía acceder a los mensajes lanzados por periodistas y ciudadanos bissauguineanos desde el mismo ojo del huracán, de las muestras de solidaridad de los países fronterizos, como Senegal o de opiniones diversas acerca de los movimientos internacionales.

En el caso de las elecciones presidenciales en Senegal celebradas entre febrero y marzo de este año, el silencio es aún más incómodo y su ruptura a través de las redes sociales, más satisfactoria. Los medios, no sólo los españoles, sino los internacionales en general, difundieron las protestas en las calles de Dakar, dando especial importancia al rechazo de la candidatura de la figura internacional de la música, Youssou Ndour. Después, como las votaciones se desarrollaban en un clima de calma, apenas se hicieron eco testimonialmente de los resultados. Entre tanto, a través de Twitter se podía vivir no sólo un proceso emocionante, sino un auténtico ejemplo.

Usando, fundamentalmente, la etiqueta #sunu2012 (de la que se impone hablar en otra ocasión con más tranquilidad), los “twitteros” podían estar al corriente, primero de que los senegaleses protestaban, fundamentalmente, contra el presidente saliente, Abdoulaye Wade, y no a favor Youssou Ndour. Y después, en directo, podían seguir un estremecedor proceso de lo que se ha puesto de moda llamar “empoderamiento”. Es decir, de apropiación de las elecciones, de voluntad de participación, de decisión de tomar las riendas del destino político y de intención de ser protagonistas. Todo ello contado por los propios senegaleses. Un lujo al alcance de pocos medios de comunicación.

Evidentemente el uso de Twitter requiere ciertas cautelas. Por ejemplo, en el calor de los acontecimientos contados al minuto, la misma noche del golpe en Guinea Bissau se difundieron algunos mensajes en los que se señalaba que el Primer Ministro, Carlos Gomes Junior había sido asesinado por los golpistas. Quien esté libre de haber cometido un error por la premura de los acontecimientos que tire la primera piedra. Esa es otra de las virtudes de la plataforma, que obliga al usuario a hacer un “consumo” activo. Basta con un poco de educación.

Texto aparecido en el boletín trimestral (julio 2012) del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona, dentro de la sección ¿Quién dijo África?. Estos boletines están disponibles para descarga tanto en la versión en castellano, como en catalán en la web del CEA.

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