La Place de l’Obelisque no era Tahrir

Place de l'Indépendence de Dakar

Place de l’Indépendence de Dakar entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones

Ni la Place de l’Obelisque (ni la de l’Indépendence) era Tahrir; ni Abdoulaye Wade es Mubarak; ni, en resumen, Senegal es Egipto, Túnez ni Libia. Estas diferencias, no desmerecen, sin embargo, el movimiento de una buena parte de los ciudadanos senegaleses empeñados en operar un cambio en su gobierno y la determinación con la que lo han hecho. Las redes sociales han bullido con el horizonte del proceso electoral y actuando como altavoz internacional de lo que pasaba en las calles del país, en las que el pueblo, intentaba escenificar su toma del poder, su actitud vigilante de exigencia ante los políticos, y sus protagonistas se han abalanzado sobre la épica de las “primaveras árabes”.

El domingo 25 los senegaleses participarán en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, unas elecciones cuya trascendencia no se ha dejado de repetir desde el principio del proceso. La realidad de Senegal es absolutamente distinta a la de los países árabes en los que se desarrollaron las ya míticas “primaveras”. Lo evidencia el hecho de que la elecciones, hasta el momento se han desarrollado con normalidad. Después de casi un mes de protestas en las calles (lo que les acercaba a la realidad de los países mediterráneos) los senegaleses acudieron el pasado 26 de febrero a las urnas y lo hicieron en un clima de tensión, es cierto, pero con un nivel mínimo de incidencias.

Otro elemento determinante es el “surtido” panorama mediático. Una veintena de cabeceras de prensa diaria, más de una decena de cadenas de televisión, entre públicas y privadas y un dial radiofónico variado conforman este universo informativo. No hay que olvidar que muchas voces recuerdan que en el año 2000 las radios privadas facilitaron el acceso de Abdoulaye Wade (el actual presidente) al poder, no tanto por un apoyo explícito como porque dieron un importante paso en el camino de la transparencia de las elecciones. Esas mismas voces advierte que en 2012 podrían hacerle caer, en el mismo sentido de vigilia sobre las elecciones.

Este ha sido el testigo que han recogido las redes sociales. Los ciudadanos se han apropiado de los nuevos canales, no por imperativa necesidad, como en el caso de los países del norte de África, sino por ansia de participar, es más, de protagonizar, este proceso. Pero eso, la urgencia, no le resta mérito a esa iniciativa ciudadana. Resumiendo si el proceso electoral de Senegal termina siendo modélico será porque los senegaleses han empleado primero las armas más directas de los ciudadanos (las protestas en la calle para manifestar su descontento) y después han sido capaces de jugar al juego de las instituciones, de la democracia procedimental. Sin escatimar esfuerzos se han plantado delante de las urnas (al menos, en la primera vuelta, y previsiblemente también en la segunda) y han querido que su mensaje se escuchase alto y claro, por todos los canales posibles. Así es, los senegaleses no protagonizarán su “revolución de los jazmines”, pero darán igualmente una lección.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s