Y hay elecciones que fascinan por sí mismas

El 26 de febrero hay elecciones en Senegal, ¿hay mucha gente al corriente? Quizá sí pero no será por la información en los medios generalistas españoles. Es la publicación del domingo, la que se supone más potente y navego con ansiedad por las ediciones digitales de los medios buscando informaciones sobre los comicios en el país africano. ¡Vaya, he terminado la ronda sin tener que leer ni una sola línea! Y eso que se supone que son unas elecciones determinantes, que la comunidad senegalesa es una de las comunidades africanas más numerosa e importante de España y que Senegal es uno de los puntos prioritarios en la cooperación española. Pues, ¡señores!, las elecciones senegalesas del próximo febrero son un caramelo periodístico en sí mismo. Es decir, todo lo contrario a las elecciones grises, sosas, aburridas y predecibles que por estos lares hacen correr ríos de tinta.

Resulta que hace unos días leía un post del blog del periodista David Jiménez titulado “El suicidio del periódico” y lo suscribo casi al completo. Digo casi, porque estoy de acuerdo en que los plumillas de a pie conocemos la fórmula para que los periódicos no sean el trámite aburrido que a menudo son y también en que muchas veces no tenemos los redaños de ponerla en práctica. La salvedad viene en que no siempre tenemos la posibilidad de hacerlo. David Jiménez hablaba de “apostar nuestra supervivencia al periodismo sin más. Uno cada vez más diferenciado de la competencia, y no solo ideológicamente. Independiente de las agendas políticas de los partidos y las rutinas informativas. Con reportajes que el lector no podrá encontrar en ningún otro sitio. Un periódico cada vez mejor escrito, presentado de forma sugerente y sin sensacionalismos en ese escaparate de nuestra mejor mercancía que es la portada”. Pues mira por dónde que ahora pongo en relación dos de mis pasiones y aparece un agujero negro, en realidad, el mismo de siempre. Multiplicas periodismo por África y casi siempre el resultado es cero.

Las próximas elecciones en Senegal tienen todos los elementos para ser un tema atractivo. Todos. Y, sin embargo, el mutismo es absoluto. Resulta que la candidatura del presidente saliente y aspirante a la reelección está en entredicho, pendiente de una de esas complejas lecturas de un cambio constitucional. Resulta que entre los políticos al uso han emergido figuras, por lo menos, interesantes, como la de Youssou N’Dour, el cantante internacionalmente conocido y empresario de medios de comunicación senegalés. Resulta que de la propia sociedad civil, desde abajo, han crecido varias candidaturas. Resulta que el movimiento “Y’en a marre” (¡Ya está bien!, o ¡Estamos hartos!), impulsado por un grupo de raperos que han conseguido canalizar el descontento de jóvenes y no tan jóvenes (algo así como los Indignados en España) se ha convertido en un actor fundamental. Resulta que se transmite una sensación de grandes esperanzas de cambio depositadas en estas elecciones. Resulta que la tensión ha ido subiendo y que seguirá haciéndolo seguramente, pero que las causas de este clima son complejas, demasiado complejas para resumirlas en una foto (por eso este post no tiene imagen, mejor evitar el riesgo de caer en los tópicos). Y resulta que sólo en caso de que la violencia se desate no tendremos más noticias de este apasionante proceso hasta el mismo día de las elecciones. O, como decía David Jiménez, hasta el día después, cuando ya sea una pura anécdota que se puede atrapar fácilmente en una cifra y no cuando es una realidad viva, compleja y fascinante. ¡Qué pena!

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